La memoria de las Poquianchis marca aún a vecinos de San Francisco del Rincón
A más de seis décadas de la captura de las hermanas González Valenzuela, conocidas como las Poquianchis, el eco de su historia sigue marcando la memoria colectiva de los habitantes de San Francisco del Rincón.
Julia Delgado Casillas, hoy intendente de Presidencia Municipal, tenía apenas ocho años cuando comenzó a escuchar rumores sobre las mujeres que vestían de negro, asistían puntualmente a misa y que, tras las paredes de su salón de baile en la calle Allende, ocultaban uno de los crímenes más atroces de México.
“Nos entró temor porque dijimos: ¿cómo tan cerca y no nos llegaron a llevar?”, relató Julia, con la memoria fresca de aquellos días en que su abuela, San Juana Vilches Hernández, lavaba ropa para las hermanas sin sospechar la magnitud de lo que ocurría dentro.

La vecina recuerda que a mediados de los años sesenta, cuando tenía 13 años, el caso estalló. “Fue en enero del 64 cuando las agarraron. Re cuerdo que estaban gorditas, muy piernudas y todas estaban vestidas de negro, con una cara muy tosca”, recordó.
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Para entonces, la comunidad ya escuchaba rumores de muchachas escapadas del rancho San Ángel, quienes corrían descalzas y golpeadas en busca de ayuda.
La casa de las Poquianchis, ubicada entre las calles Obregón y Manuel Doblado, se convirtió en una verdadera leyenda. Julia recuerdó los balcones con macetas y el salón de baile donde “entraban hasta agentes de la judicial”.
Tras la detención, el inmueble fue derrumbado y en su lugar se construyó un local para lavado de autos, pero el recuerdo permanece.
Las historias que circulaban en el vecindario eran escalofriantes. “Decían que tenían un horno donde quemaban a los niños, a los fetos que tenían las muchachas porque las hacían abortar”, narró. También recordó la desaparición de un joven vendedor de camotes conocido en la zona, quien una vez logró entrar a ofrecer su comida y ya nunca se le volvió a ver; solo quedó un cuchillo
El proceso judicial desató la furia del pueblo pues de acuerdo a Julia: “La gente quería lincharlas”. Sin embargo, la presencia de un cuartel de federales lo impidió. Las hermanas fueron trasladadas a declarar entre gritos de repudio.
Julia no olvida la imagen de las jóvenes rescatadas, vestidas con uniformes de falda rayada naranja con negro y pañuelos en la cabeza, paseando con timidez por el jardín principal. “De primero tenían miedo a toda la gente, estaban asustadas. Ya después se miraban más tranquilas, porque ya estaban fuera de donde eran sus verdugos”, agregó.
Hoy, a sus más de 60 años, Julia aseguró que el recuerdo sigue vivo y que aún se percibe esa sensación turbia al pasar donde ellas alguna vez vivieron.
La historia de las Poquianchis no solo dejó una herida en la región, sino también un testimonio oral invaluable, como el de Julia Delgado Casillas, que sigue recordando con estremecimiento la cercanía de aquella tragedia.