De ser la Casa de las Poquianchis a ser un fondita

A pesar de la violenta e inhumana historia que conservan las paredes de su hogar, la familia de Pepe asegura que no les afecta

¿Conoces esta casa? Seguro la has visto al pasar por la colonia Obrera o al caminar por los largos pasillos de la Línea de Fuego los domingos, pero esa vivienda esconde una gran historia.

En la vieja colonia Obrera, entre las calles Sonora y Bolivia, justo en la esquina, enfrente de una tienda de abarrotes, se observa una gran casa con el número 502 de dos colores: la primera mitad de un color naranja pálido, como decolorado por el paso del tiempo, y un gris deprimente.

Esta gran casa conserva una vieja puerta de madera pesada y gruesa, como de hace décadas, así como una gran cantidad de pequeñas ventanas solo en el segundo piso con gruesos barrotes de hierro; las cuales te adentran al año de 1964: cuando las famosas Poquianchis realizaron actos de prostitución y esclavitud.

Tras el oscuro pasado que oculta esta vivienda, la cual, se dice, aún conserva las paredes originales, así como ventanas y puertas con pequeñas aberturas en donde las crueles Poquianchis espiaban a las esclavas; ahora es el hogar y el negocio de una familia leonesa.

Don Pepe, como todos lo conocen en la colonia, compró la casa hace más de 30 años y la reacondicionó en su mayoría: emparejando las paredes con cemento, agregando azulejos y pintándola; pero fue hace tres años cuando comenzó a ser uno de los negocios más exitosos de la zona.

Él y sus hijas emprendieron su negocio de fondita ‘La casa de Don Pepe’, en donde cada domingo de 6:30 de la mañana hasta las 8:00 de la noche, sirven comida mexicana y unas deliciosas quesadillas de guisados. Una vez a la semana, esta triste casa regresa a la vida con el movimiento de los tianguistas y la alegría de sus puestos.

Originarias de El Salto, Jalisco, las cuatro hermanas conocidas como las ‘Poquianchis’ fueron criadas por un padre abusador y una madre religiosa. Ante la explotación de sus padres, las cuatro se formaron como las victimarias de más de 100 mujeres en todo el país.

A través de un burdel, las hermanas torturaban, abusaban y mataban a más de 150 mujeres y sus bebés, productos del trabajo sexual a las que las sometían; un negocio tan rentable para ellas que se extendió hasta Guanajuato.

Llegaron a parar a San Francisco del Rincón, donde tenían el burdel y cementerio principal, ahí las esclavizaban y les quitaban la vida, pero también tocaron tierra leonesa justo en esa casa de la colonia Obrera.

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Ahora, además de ser una fondita, parte de la casa la destinaron para poner un estacionamiento y baños públicos para que los comerciantes de la Línea de Fuego y los visitantes, tengan un paradero seguro.

A pesar de la violenta e inhumana historia que conservan las paredes de su hogar, la familia de Pepe asegura que no les afecta y no les interesa conocerla, pues afirman que es algo que quedó en el pasado.

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