Renata, sobrevivió a un accidente y vuelve al templo a dar gracias a la Virgen

Hoy, la pequeña de 7 años, regresa al templo para agradecer y para enseñar fe
Foto: TV4

“Fue un accidente muy aparatoso, pero mi niña salió intacta, no se cómo, pero esto fue un milagro y por algo estamos aquí”.

A las 5:00 de la mañana, Renata Valentina, de 7 años, se despertó emocionada. Se vistió con el traje que ella misma eligió para cantarle las mañanitas a la Virgen y caminó junto a su mamá, Karina Lozada, hacia el templo.

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No era una visita más, era su forma de agradecer por la vida que aseguran le fue devuelta hace casi cuatro años, gracias a la Virgen de Guadalupe.

Karina recuerda el día como si aún lo viera borroso, como todo lo que perdió en la memoria tras el impacto.

“Tuvimos un accidente muy feo en el Eje Metropolitano. Yo salí proyectada del carro, mi amiga también… y mi hija quedó intacta. Solo se fracturó una pierna”, compartió con lagrimas en los ojos al recordar ese fatal día.

Karina permaneció un mes inconsciente en terapia intensiva y su amiga lamentablemente falleció. La pequeña Renata, con apenas cuatro años entonces, fue la primera en explicarle lo ocurrido cuando mamá despertó.

“Me dijo: ‘Mami, Elena es una mariposa. Ya está en el cielo con Diosito. A mí me sacaron bien, mami’. Yo no podía creerlo”, relató con la voz entrecortada.

Desde entonces, madre e hija regresan cada año al templo a agradecer. No por obligación, sino por convicción de Renata.

Ella es la que me dice ‘mami, vamos a rezar’, ‘mami, así no te persignaste’. Yo voy detrás de ella; me está enseñando mucho”, describió Karina quien aseguró que, la fe de su hija la ha ido transformando.

Renata escucha atenta, abrazada a su mamá y le canta a la Virgen. Cuando se le pregunta si siempre se viste así para ver a la Virgen, responde con un “sí” seguro y sonriente. “Me pone contenta cantarle. Siempre le echo ganas para hacerme más inteligente”.

La familia, además de cumplir la manda, realiza otro compromiso: ayudar a quien se pueda.

“No hago menos a nadie. Si veo que alguien perdió a un familiar, pregunto en qué puedo apoyar. Mi hija también me dice: ‘mami, vamos a ayudar’. Y lo hacemos”, explicó Karina.

Este año, como cada diciembre, volvieron al templo. Renata cantó. Rezó. Dio gracias. Y Karina, a su lado, repitió la misma palabra que se volvió parte de su historia: “esto fue un milagro. Estamos aquí por algo. Y mientras ella quiera, vamos a seguir viniendo”, concluyó.

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