Cuando el agua guarda memoria de un Templo hundido

El Templo de la Virgen de los Dolores, en la comunidad de El Zangarro, ha sobrevivido al paso del tiempo y el desgaste producido por el agua y ha sido visible en estas fechas.
Foto: 4 Noticias

El viento sopla distinto en La Purísima. A medida que el sol de octubre cae sobre el espejo del agua, una silueta emerge lentamente entre el reflejo dorado: el Templo de la Virgen de los Dolores, con sus muros gastados, vuelve a mostrar que ni el tiempo ni la profundidad lograron borrarlo del todo.

Caminar hacia él es como atravesar la frontera entre lo vivo y lo que la historia dejó dormido. Los visitantes avanzan con precaución, algunos en kayak, otros a pie, sobre el terreno que hace más de cinco décadas fue el corazón del pueblo de El Zangarro.

Los más viejos todavía recuerdan lo que sucedió en los años setenta, cuando el entonces presidente José López Portillo firmó el decreto que cambiaría todo: la construcción de la presa La Purísima.

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La orden era evitar nuevas inundaciones en Irapuato, y el sacrificio, inevitable: el agua cubriría por completo al Zangarro, una comunidad agrícola de origen virreinal, a solo 40 minutos de Irapuato, Guanajuato.

Hoy, más de 50 años después, la historia parece salir a flote. Con el nivel del agua más bajo de lo habitual, el templo hundido vuelve a ser visible, esta vez sin su cúpula que colapsó entre el 17 y 18 de octubre, pero con la fuerza de un símbolo que se niega a desaparecer.

La luz del sol se cuela ahora directamente por el techo derrumbado, iluminando el altar donde alguna vez se celebraron misas y bodas. Cada rayo que entra parece despertar una historia, un nombre, una promesa.

El Zangarro se hundió para salvar a otros pueblos, pero nunca se extinguió del todo. Vive en los relatos de sus descendientes, en los nombres que replicaron al fundar nuevas comunidades, y en la vista imponente del templo que, de vez en cuando, vuelve a respirar.

Y es que hay lugares que el agua no puede borrar: solo los esconde un tiempo, esperando que alguien vuelva a mirarlos con respeto y asombro.

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