El cerro que se escucha: plantas, piedra y memoria al amanecer, en San Francisco del Rincón

En San Francisco del Rincón, una roca guarda historia, eco… y misterio. Súmate a los recorridos al amanecer y escucha su voz
Foto: TV4

El eco metálico de una piedra aún resuena entre las laderas del Cerro de la Campana, en San Francisco del Rincón. Y aunque hoy yace más abajo, tras un intento fallido de robo, su presencia sigue firme.

Quien mejor lo describe es doña Mercedes Granados, comisariada ejidal de la comunidad Las Fuentes Arriba. Al recordar el día en que la roca rodó por el barranco, reflexiona: “Yo creo que al caer, la piedra dijo: ‘Yo soy de aquí, aquí me quedo y nadie puede llevarme a otro lugar’”.

No se trata de una leyenda, sino de una certeza cargada de arraigo.

La caminata hacia el cerro comienza temprano. Desde la Reserva Natural El Sabino, doña Mercedes organiza recorridos al amanecer: 6:30 de la mañana, cuando el rocío aún acaricia la tierra y el canto de las aves acompaña el paso.

No es solo una excursión. Es una clase viva de botánica, historia y conexión personal con el territorio.

“Estos son limoncillos, para el dolor de estómago. Los colorines, esos sirven para relajar los nervios. Y este, el papalo, va directo al taco, pero también purifica la sangre…”, Limoncillos, cazahuates, papalos, colorines… las plantas perfuman el sendero y nos desconectan del ruido cotidiano, mientras doña Mercedes comparte los usos herbolarios que han pasado de generación en generación.

Tras un ascenso que invita a la introspección, la cima ofrece algo más que vistas: una roca con voz propia. Es la piedra de la campana, utilizada hace más de un siglo por el hacendado Valente Guerrero para convocar a sus peones. Bastaba un golpe certero para que la piedra emitiera una resonancia única, marcando el inicio de la jornada laboral.

Décadas después, esa piedra fue blanco de la codicia. Al intentar llevársela con un tractor y cadenas, terminó por desprenderse y caer al barranco. Y aunque perdió parte de su timbre, su eco persiste.

“Aquí sigue su sonido… Para que vea que no es cualquier piedra,” se escucha durante el recorrido. Otras piedras cercanas también cantan, algunas con un tono aún más claro. Como si el cerro decidiera no guardar su voz en una sola roca, sino repartirla como eco compartido.

¿Por qué suenan? Aún no se sabe. Se habla de metal o de cavidades internas, pero ningún estudio profundo lo ha confirmado. “Solo se sabe que suenan… y que no cualquiera las puede llevar,” concluye Mercedes.

Al final, lo que más resuena no es el misterio de su sonido, sino la certeza de su arraigo. Una piedra que se aferra al cerro, una historia que se niega al olvido.

Para sumarse a los recorridos o conocer más sobre la Reserva Natural El Sabino, visite sus redes sociales.

Por: Jorge Rodríguez.

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