Comerciantes que lo dan todo desde antes de que salga el sol

Lucero, Claudia y Leticia madrugan para mantener vivos sus negocios frente al mercado Carro Verde, con esfuerzo, tradición y amor por su trabajo
Foto: 4 Noticias.

Cuando la mayoría apenas abre los ojos, Lucero Ramos Castillo ya lleva horas cocinando. Desde las seis de la mañana su cocina huele a chicharrón, a prensado y a tradición.

Desde hace 17 años, esta mujer cambió el escritorio de un despacho jurídico por el calor del comal, lugar donde encontró su verdadera vocación. Actualmente su negocio está ubicado frente al mercado Carro Verde.

“Yo fui la de la idea y mi mamá me apoyó, ella me enseñó a guisar lo que ahora vendo”, platicó mientras presiona la tortilladora con manos firmes.

Cada mañana, desde las 5:45, Lucero comienza a preparar cerca de un kilo de cada uno de sus 12 guisados y alrededor de 4 kilos de masa. Abre su puesto a las nueve de la mañana. “Me gusta muchísimo mi trabajo el convivio con la gente y mi local”, agregó.

Entre sus mejores anécdotas compartió que: “hubo un chico que vino por dos quesadillas y luego pidió otra y luego otra y así, él estaba delgado yo creo que por eso pudo con todas”, recordó entre risas.

A solo unos metros, se encuentra Claudia Negrete Jaramillo, una mujer que inició vendiendo revistas que le regalaban sus vecinas, luego cazuelitas prestadas.

”El puesto me ayuda a sacarlo mi nieto y dos de mis hijas también ayuda a atenderlos nosotros nos levantamos desde las seis y aquí ya estamos a partir de las ocho de la mañana”, comentó Claudia.

Con cuatro hijos que alimentar, fue construyendo su negocio desde cero. Con el tiempo, incluso viajó semanalmente a la Ciudad de México para surtir variedad.

Hoy, Claudia atiende su puesto ubicado donde antes estaba una Santa Cruz afuera del mercado Carro Verde con la ayuda de sus hijas Claudia Patricia y Rosa Angélica.

Leticia Martínez una mujer con más de diez años que su despertador suena a las siete de la mañana para tender el puesto de cosméticos de sus tíos María Andrade y Jesús Martínez con más de cuatro décadas de trabajo.

“Lo más tardado es acomodar todo porque es mucha mercancía, por eso hay que levantarse desde temprano”. Desde las siete de la mañana, Leticia ya está en movimiento para poder abrir.

Para ellas, trabajar desde temprano es sinónimo de orgullo, perseverancia y amor. Son mujeres que han transformado la necesidad en una vocación, y el esfuerzo en un legado.

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