Desde Arizona, el Club de Migrantes Unidos por Jaral volvió a tender la mano a su tierra. Gracias a su organización y compromiso, más de 400 niñas, niños y jóvenes de siete comunidades de Jaral del Progreso recibieron uniformes, balones, medallas y diverso material deportivo que impulsa el juego, la identidad y la convivencia.
Las comunidades beneficiadas fueron La Bolsa, Zempoala, Llanitos, Providencia, Molinito, Ojo Zarco y El Tecolote.La entrega se realizó como parte de la acción social Jaral Unidos por el Deporte, con una inversión de 300 mil pesos.

Este esfuerzo fue posible gracias al programa Migrantes Construyendo Comunidades, impulsado por la Secretaría de Derechos Humanos del Gobierno del Estado, en coordinación con el municipio. El corazón del proyecto está en quienes, aunque lejos, siguen presentes en el desarrollo de su comunidad.
El programa reconoce que el desarrollo no se limita al territorio: también se construye desde el extranjero, a través del esfuerzo colectivo, la organización comunitaria y el amor por las raíces.
El deporte, en este contexto, no es solo una actividad recreativa. Es una herramienta de transformación social que promueve la prevención, la pertenencia y el fortalecimiento del tejido comunitario.
La historia de Unidos por Jaral es un ejemplo vivo de cómo la migración puede convertirse en un puente de solidaridad. No hay frontera que lo detenga cuando el amor por la tierra se organiza.
