Silao, sumergido en la memoria: la inundación del 13 de julio de 1976
Este domingo se cumplen 49 años de una tragedia que transformó el rostro de Silao para siempre. El martes 13 de julio de 1976, tras diez días de lluvias ininterrumpidas, la presa de Chichimequillas colapsó. Su ruptura desbordó los arroyos del Jitomatal, La Yerbabuena y El Tigre, provocando que el río Silao se saliera de cauce y arrasara la ciudad.

A las siete de la mañana, el agua comenzó a entrar por las calles principales. En cuestión de horas, alcanzó hasta dos metros de altura. La ciudad fue devorada por el lodo: muebles, animales, ropa y hasta cajas fuertes flotaban por las avenidas. El saldo fue devastador. Decenas de personas murieron, muchas quedaron desaparecidas y, según recuentos locales, la mitad de Silao fue destruida.
“Realmente fue devastadora esa inundación, muy dolorosa. Gente que perdió todos sus bienes… Los colchones pasaban llenos de dinero. Se sacan muchas leyendas de todo lo que sucedió en esos términos.”
— Ricardo Azuela Espinoza, poeta y exalcalde de Silao

Las viviendas de adobe fueron especialmente vulnerables. Las fachadas que habían marcado la identidad arquitectónica del centro histórico se desmoronaron sin resistencia.
“Aunque tenían una fachada hermosa, muchas eran de adobe… ese adobe fue el que no resistió.” “Las calles céntricas tenían casas que gozaban de muy buena fama. Sus fachadas tan bonitas… que ya no volvimos a ver. Se cayeron cientos y cientos de casas de Silao.”
El exalcalde recuerda cómo vivió la tragedia desde la Ciudad de México. A pesar de estar fuera del cargo, su vínculo con Silao lo llevó a tomar acciones desesperadas para salvar a su familia.
“Tuvimos que rentar una maquinaria pesada en León que entrara en medio de aquella multitud de aguas… a rescatar a mis hermanas y de paso a muchísima gente más.“

La ayuda llegó desde muchos frentes, pero uno de los apoyos más memorables fue el del comediante Mario Moreno “Cantinflas”, quien respondió con una generosidad inesperada.
“Mandó camiones completos de víveres, con camas, con catres… con de todo.”
Además del costo humano y material, la inundación dejó una herida profunda en el desarrollo económico del municipio. Silao perdió patrimonio histórico y social, y el proceso de reconstrucción fue lento. No fue sino hasta la llegada de General Motors en 1994 que comenzó una nueva etapa de reconfiguración urbana e industrial.
La inundación de 1976 fue más que un desastre natural: fue un punto de quiebre en la memoria colectiva de Silao. Hoy, 49 años después, la ciudad recuerda no solo el agua que arrasó con todo, sino la resiliencia que brotó entre los escombros.
