Rosa Guzmán, la cocinera que transforma la gelatina en arte tridimensional

Rosa Guzmán transforma la gelatina en arte tridimensional y enseña su técnica, combinando pasión, creatividad y repostería en Pénjamo
Foto: Cortesía

Comienzos y pasión por la cocina

En el Centro Nuevo Comienzo, entre charolas, colores y moldes, las manos de Rosa Guzmán convierten la grenetina en lienzo.

Originaria de Pénjamo, Rosa lleva una década dedicada a la repostería, y en los últimos años se ha especializado en una técnica que combina paciencia, precisión y pasión: la gelatina artística, un postre que parece una obra de arte en 3D.

“Desde que yo estaba más chica siempre me ha gustado mucho la cocina. Siempre anhelaba hacer un pastel o una gelatina. Y ahora que se me dio la oportunidad y he estado en cursos, es maravilloso”, recordó con una sonrisa.

Enseñanza y técnica artística

Rosa forma parte del Centro Nuevo Comienzo, donde además de preparar sus gelatinas, enseña a otras personas a elaborar estos postres que sorprenden por su detalle y realismo. Su especialidad es la gelatina floral, una técnica que da la ilusión de que los pétalos y hojas flotan dentro del postre, como si fueran flores encapsuladas en cristal.

La preparación de estas gelatinas comienza con una base completamente transparente, elaborada con grenetina natural. Luego, con una jeringa especial, Rosa inyecta una mezcla a base de leche y colorante comestible, dibujando pétalo por pétalo, hoja por hoja, hasta formar una flor.

“Primero se deja cuajar la gelatina transparente, y ya después se empieza a inyectar el color, despacito, porque si le das muy fuerte se truena y ya no te queda la flor”, explicó.

Cada diseño puede tardar entre 15 minutos y una hora, dependiendo del tamaño y la complejidad. “La rosa es la más complicada porque el pétalo es más amplio y se puede quebrar la gelatina. Pero con práctica, ya no se te hace difícil ninguna”.

Formación y crecimiento profesional

Rosa comenzó tomando clases de repostería en el mismo centro donde hoy enseña. “Entré con una maestra que se llamaba Magdalena. Hacíamos diez vasitos por clase, de dos a seis de la tarde”.

Con el tiempo, su habilidad la llevó a ser invitada como instructora, y ahora guía a otras personas en el arte de la gelatina artística. “Me animaron a que fuera maestra, y así funcionó. Aquí estamos”, expresó orgullosa.

Innovación y variedad de productos

Las creaciones de Rosa son tan realistas que muchas veces sus clientes dudan en comerlas. “Muchos me dicen que no se la quieren ni comer porque están bien bonitas. Pero cuando la prueban, les encanta. Antes estas gelatinas no tenían sabor, pero ahora las hacemos de limón, fresa o leche con vainilla. Ya tienen ese toque especial”.

Además de flores, Rosa también elabora gelatinas con figuras de muñecas, conocidas como “gelatinas Barbie”. “Todo va igual, inyectado. Vas formando el vestidito y luego colocas la muñeca encima. Se ve precioso”, detalló.

Pero su talento no se queda ahí, también prepara pasteles, siendo su orgullo el pastel de zanahoria, hecho con harina integral, poca azúcar, piña, arándano, nuez y un toque saludable que lo hace apto para personas diabéticas. “Ese es mi campeón”, dijo entre risas.

Negocio y sustento familiar

El talento de Rosa no solo se queda en el taller. Cada semana vende sus postres en el tianguis de Pénjamo, donde ha logrado convertir su gusto por la repostería en un sustento económico para su familia.

“Sí, claro que sí. Tengo mi negocio ahí y vendo mis pasteles, gelatinas y también cosas de cocina. Es para mi mismo negocio”, compartió.

Entre jeringas, colorantes y moldes, Rosa Guzmán ha encontrado una forma de arte comestible que no solo alegra la vista, sino también el corazón. En cada flor encapsulada hay una historia de esfuerzo, paciencia y pasión por la repostería, una que nació en Pénjamo y que hoy florece entre las manos de una mujer que convirtió la cocina en su vida entera.

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