Relatos de almas en peregrinación

En el camino a San Juan de los Lagos, los sanjuaneros no solo cargan promesas… también historias de almas que buscan cumplir su manda
Foto: Cortesía.

Cada año, cientos de sanjuaneros emprenden el camino rumbo al Santuario de San Juan de los Lagos movidos por la fe, las promesas y el deseo de cumplir una manda.

Un recorrido marcado por el cansancio, el frío y las largas horas de caminata, pero también por historias que, con el paso del tiempo, se han convertido en parte de la tradición.

Entre los peregrinos circulan relatos sobre presuntos espíritus de personas que no lograron completar su manda y que, según la creencia popular, buscan en el camino a alguien que los ayude a llegar a su destino.

Para muchos sanjuaneros, estas historias no se viven con miedo, sino con respeto.

Carlos Rodríguez, quien año con año realiza la peregrinación, comparte que aunque él nunca ha visto nada fuera de lo común, sí ha escuchado numerosos testimonios de personas que aseguran haber tenido este tipo de encuentros.

“Me han platicado mucho que en el camino hay personas que llegan solas y después aparecen acompañadas sin saber cómo. También una vez nos tocó que vieron a una niña que estaba solita y decía que iba con su familia, que ya iba adelante, y a la niña nunca la volvimos a ver”, relató.

Por su parte, Guillermina Ángeles recordó una experiencia que la dejó marcada, cuando creyó estar hablando con una joven en la entrada de León.

“Pensé que era mi sobrina, saliendo del baño le dije: vámonos hija, y me contestó que estaba esperando a su papá. Cuando levanté la mirada, la persona se desvaneció hacia el lado izquierdo y ya no había nadie”, contó.

Estas historias forman parte de las creencias que se transmiten entre los peregrinos. Algunas de ellas incluyen advertencias sobre a quién ayudar o no durante el trayecto.

César Martínez, en un sondeo realizado entre sanjuaneros, mencionó que hay quienes aseguran que si se encuentra a una persona mayor en el camino, no se le debe ayudar con lo que cargan, pues al llegar al templo podría descubrirse que solo era un saco con huesos.

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Entre rezos, veladoras y pasos cansados, los sanjuaneros continúan su caminar.

Para ellos, el camino a San Juan no solo se recorre con los pies, sino también con el corazón, la fe y las historias que acompañan cada paso.

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