La cajeta que nació en un cazo y llegó hasta el Vaticano
En una de las calles más tradicionales del centro histórico, donde el aroma dulce es parte del paisaje, persiste una historia que comenzó hace casi 90 años.
“Cajetas La Bola”, fundada en 1938, es hoy un emblema celayense que ha logrado llevar su sabor a gran parte del país e incluso hasta el Vaticano.
Alberto Pacheco Razo, tercera generación al frente del negocio, cuenta que todo inició con sus abuelos, Juan Pacheco y Carmen Razo, dedicados a elaborar dulces tradicionales.
“Venimos de generación de dulceros, de cajeteros. Antes hacíamos alrededor de 20 tipos de dulces: chiclosos, natillas, tamarindos, dulce de nuez y también la cajeta, aunque en ese tiempo la producíamos solo para surtir pedidos pequeños”, recordó.
La familia elaboraba la cajeta sin imaginar que décadas después se convertiría en su producto más reconocido. La pepitoria, el dulce típico que Carmen Razo preparaba, sigue siendo uno de los más buscados por generaciones mayores.
“Hasta la fecha muchos abuelitos llegan pidiendo la pepitoria, porque era la que más hacía mi abuela”, platicó contento.
El impulso decisivo llegó con su madre, San Juana Pacheco, quien comenzó a producir la cajeta en mayores cantidades y a envasarla. Con ello nació la marca Cajetas La Bola, inspirada en el frasquito redondo de vidrio donde comenzaron para comercializarla.
“Empezamos Cajetas La Bola con un frasquito de vidrio de bolita, por eso le pusimos así”, explicó. Ese cambio permitió formalizar la producción. “Mi mamá empezó a hacer el dulce ya más en forma: a envasarlo, a producirlo. Yo llegué después con un poquito más de empuje”.
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Actualmente, participan también sus hijos, cuarta generación de la familia. “La juventud ya nos va haciendo un ladito, pero qué bueno, porque vienen con ideas nuevas, más fuerza y más productos”.
Aunque la marca ha crecido, la técnica sigue siendo artesanal: leche de cabra, cazo de cobre y pala de madera. Esa consistencia y sabor son la razón por la que la cajeta de leche de cabra se reconoce como la auténtica.
Los sabores tradicionales como vainilla, quemada, natural y envinada continúan como los favoritos del público, aunque la envinada es la más solicitada. También han innovado con opciones sin azúcar, tequila, fresa y combinaciones especiales con nuez, cacahuate o arándano.
“La sin azúcar ahorita es muy demandada, y la envinada es la que más se vende”. Aunque no exportan formalmente, La Bola ha llegado a muchos rincones del país gracias a turistas y deportistas que visitan Celaya.
“Participamos mucho en eventos deportivos del municipio, y como viene gente de otros estados y países, se la llevan aunque sea en frasquitos pequeños”, agregó.
Entre esos viajeros, hubo quienes llevaron su cajeta directamente al Vaticano. “Unas madres vinieron a comprarnos y nos dijeron que ese era un obsequio que llevarían a Roma. Y luego supimos que el Papa Francisco la probó”, expresó orgulloso.
Para Alberto, que la cajeta haya cruzado fronteras de esa forma es un motivo de enorme satisfacción.
“Es un orgullo que nuestra marca esté en tantas mesas, quién sabe en cuántas, pero ahí está la etiquetita de La Bola”, añadió.
Además de la cajeta, la familia mantiene recetas tradicionales como el jamoncillo, la cocada y la bolita de nuez. La joya de la casa es una cocada monumental, elaborada sobre una tabla de 1.20 metros por 60 centímetros.
“Hacemos la base de oblea, vertimos la cajeta, mezclamos el coco, lo extendemos y lo horneamos”, detalló.
La marca ha estado presente en la Feria de León y en eventos nacionales en estados como Nuevo León, Chihuahua, Quintana Roo y el Estado de México. La familia continúa modernizando sin perder su esencia artesanal.
Hoy, con cuatro generaciones trabajando alrededor del mismo cazo de cobre, Cajetas La Bola se mantiene como uno de los mayores orgullos dulces de Celaya: una tradición viva que, a fuerza de herencia, sabor y constancia, seguirá endulzando la historia por muchos años más.

Foto:Tv4