Las Chivitas: la tradicional panadería “Tina” de Jaral del Progreso que pagó carreras universitarias.

El panadero jaralense mantiene vivo un proceso artesanal que convirtió a las chivitas en parte de la identidad gastronómica local.
Don Raúl comienza a trabajar desde las 4:00am para que el pan esté listo para el desayuno. Foto: Guadalupe Atilano

Desde muy temprano, cuando la mayoría de las personas aún duermen, don Raúl Reyes Ortega, maestro panadero jaralense, ya se encuentra trabajando.

El aroma a mantequilla, azúcar y pan recién horneado da la bienvenida a la panadería TINA, ubicada en la calle Vicente Guerrero número 512, en el centro de Jaral del Progreso, Guanajuato. 

En este lugar Reyes Ortega prepara las —chivitas—, un pan salado, en forma de empanada, relleno de picadillo.  Este producto gastronómico se vende de lunes a sábado en la panadería y  los domingos en la plaza principal. 

El maestro panadero, enfatizó que no se trata de un simple pan; es un producto emblemático que durante años ha representado un ingreso económico que le ha permitido impulsar la educación académica de sus cinco hijos.

—Gracias a Dios, con las chivitas pude pagarles sus carreras universitarias—, lo que representa un orgullo, apuntó.

Las chivitas: la tradicional panadería Tina de Jaral del Progreso que pagó carreras universitarias.

Las chivitas son un pan salado con forma de empanada y relleno de picadillo, elaborado de manera completamente artesanal.
Foto: Guadalupe Atilano

La alegría de Don Raúl, contagia el ambiente y hace que el tiempo pase rápido. Es sorprendente ver la agilidad de sus manos, parecen tener vida propia.

En su mesa de trabajo el ritmo no se detiene. Con mucha facilidad estira la masa y le da forma con movimientos precisos, es como si cada pieza fuera una obra de arte. Mientras el pan está en el horno, Don Raúl platica anécdotas de su día a día.

Ser panadero es un oficio muy bonito; todos los días se aprende algo nuevo, señaló. — Vengo de familia de panaderos; me gusta mucho este trabajo. Empiezo desde las cuatro de la mañana y aquí me pueden dar las diez u once de la noche y sigo haciendo pan. No me enfado

Han pasado más de dos décadas y la receta conserva su esencia y el proceso sigue siendo completamente artesanal. En cada pieza de pan, permanece el legado de una familia que demuestra que el trabajo constante puede construir un futuro mejor.

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