José Moreno, el albañil que aprendió el arte de salir adelante

De niño trabajó en una curtiduría, migró, fue deportado y superó adicciones; hoy, José Moreno encuentra dignidad y arte en la albañilería
Foto: 4 Noticias.

A los ocho años, mientras otros niños jugaban en la calle o aprendían a leer con cuentos ilustrados, José Moreno ya sabía lo que era ganarse la vida.

Fue ayudante en una curtiduría, oficio tradicional en León, y a los diez años ya compraba con su propio dinero útiles escolares y su mochila. A esa edad, sin saberlo, comenzó a construir con sacrificio los conocimientos de la vida que hoy lo llena de orgullo.

“Empecé a ganar dinero y me gustó. Descuidé la escuela y le quité responsabilidades a mis padres. En ese momento no entendía lo que eso significaba, ahora que ya estoy grande, sí”, recordó José con una mezcla de nostalgia.

Las carencias económicas lo empujaron a buscar una mejor vida en Estados Unidos donde vivió en Chicago y trabajó como jardinero, mesero y en la construcción. Pero el llamado “sueño americano” fue breve: fue deportado en el 2010 y con ello regresaron los retos y también nuevas oportunidades

Ya de regreso en León, sin tener claro qué rumbo tomar, fue un cuñado quien le tendió la mano. “Como buen leonés, lo primero que pensé fue en regresar a la curtiduría, que era lo que yo sabía hacer. Pero mi cuñado me invitó a trabajar de chalán de fontanero. Empecé de ceros y me gustó el oficio”, compartió.

Esa invitación marcó un nuevo comienzo, pues José desarrolló habilidades en la fontanería y llamó la atención de varios maestros de obra, quienes pronto lo invitaron a ser chalán de albañil. Ahí aprendió desde la mezcla hasta los acabados.

“Para muchos este trabajo es pesado, por lo físico, pero cuando uno le agarra amor al oficio, la verdad se le hace hasta ligero.

Decían que me iba a doler la espalda y la cintura, pero yo no lo siento así. Es como todo, hay días buenos y malos, pero para mí es todo un orgullo”, destacó.

Hoy, con cada obra que termina, José no solo ve concreto y ladrillos, sino ve arte. “Yo lo considero un arte. Empezar en un lote baldío o en una remodelación, y ver cómo se transforma todo, saber que yo estuve ahí, que eso lo hice yo es una satisfacción que no se puede explicar”.

Pero como muchas historias de lucha, la suya también tiene momentos duros. A los 15 años, cuando empezaba a ganar dinero, se perdió en las drogas y el alcohol. Fue anexado durante tres años.

“Pensaba que la familia estaba en la calle, y no veía que la verdadera familia la tenía en mi casa. Salí y retomé mi vida en lo que más me gusta: la albañilería”, platicó con un nudo en la garganta.

Con lágrimas contenidas, José reconoce que fue su padre Javier fue quien le ayudó a salir adelante. “Mi papá no pudo darme dinero, pero sí mucho amor. Y hoy estoy muy agradecido con él”.

Ahora, con el rostro curtido por el sol y las manos firmes de tanto trabajar, José dice que su oficio es más que un empleo: es su manera de sostener a su familia, su fuerza diaria, y sobre todo, su vida.

“Mi trabajo representa todo. Es un sustento para mi familia, es mi fuerza, es mi vida”, concluyó José.

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