‘Imaginación en 3D’: cuando el papel se convierte en historias y emociones

Un taller artístico que permite la creatividad y la expresión de emociones.
Foto: Rodrigo Andrade

“Queremos que los niños se comporten como adultos… ¿pero por qué impedirles ser niños?”, cuestiona la artista gráfica Elizabeth Tinoco. En su taller, el papel y la llamada pinza fina se transformaron en herramientas para liberar creatividad y estimular el desarrollo integral de la infancia.

La pinza fina es el movimiento coordinado entre pulgar e índice que permite sujetar y manipular objetos pequeños con precisión. Es la base de la escritura, del dibujo y de muchas tareas cotidianas. En este taller, más que un ejercicio técnico, se convirtió en un puente hacia la motricidad, la atención y la expresión emocional de los niños. Tinoco lo explica con claridad: cuando se reprime el juego y la libertad, se limitan también las posibilidades de aprender y crecer.

Checa esto: Artistas hacen brillar el Malecón

Foto: Jorge Rodríguez

Durante más de dos meses, trabajó con más de 70 alumnos de la primaria Flores Magón en Purísima del Rincón, gracias al vínculo con la Casa de la Cultura y al Estímulo Estatal para la Cultura y las Artes Guanajuato 2025. El taller “Imaginación en 3D” convirtió recortes y dobleces en un espacio de libertad, donde los niños dieron forma a cuentos, emociones y obras colectivas.

Las voces de madres y alumnos reflejan el impacto inmediato. “Me siento muy feliz y quiero decirle que aproveche esas oportunidades porque yo no las tuve”, afirmó Laura Muñoz, madre de Rogelio, uno de los niños que recibieron el taller. Rogelio, con entusiasmo, agregó: “Me gustaría aprender más.”

En la misma escuela, Margarita Márquez, madre de Margarita Valadez, reconoció: “En la escuela nunca se había presentado algo así. Nunca había habido una clase de artes.” Su hija, Margarita, compartió la experiencia desde dentro: “Me gustó porque aprendí a crear cosas nuevas y pude dibujar lo que yo quisiera, me pude expresar como yo quería.”

Foto: Rodrigo Andrade

Los beneficios de la pinza fina se hicieron evidentes en cada sesión. No se trataba solo de recortar o doblar papel: los niños mejoraban su coordinación motriz, lograban mayor atención y concentración, aprendían a resolver problemas con creatividad, fortalecían su autoestima y confianza, y encontraban un espacio para regular sus emociones. Todo ello se reflejaba en un desarrollo cognitivo y social que iba más allá del aula.

El proceso culminó en una exposición colectiva en el Museo La Casona, donde las familias pudieron ver plasmadas las historias y emociones de sus hijos. Entre las piezas destacó el “emocionómetro”, una obra que permitió a los padres conocer lo que ocurría en el aula mientras sus hijos aprendían a través del arte.

Y fue ahí, en medio de la emoción del cierre, que la voz de una niña resumió lo que muchos sentían. “Es que no quiero que… no me gusta que se vayan los maestros porque siempre me encariño con ellos”, confesó Giselle Valadez, alumna del taller. Su frase se convirtió en el eco de toda la experiencia: más allá del papel y las tijeras, lo que permanece es el vínculo humano y el descubrimiento de la propia creatividad.

Foto: Jorge Rodríguez

— No te pierdas