‘El puesto que hace llorar… pero de gusto’ : la tradición de tostadas que León no deja morir
En la esquina de Valverde y Téllez, donde antes cruzaba la antigua carretera Panamericana, se levanta uno de los negocios más longevos y queridos de León: Tostadas “Lágrimas y Risas”.
Ahí atiende Mariano Romo Rodríguez, de 62 años, heredero de una historia que comenzó con su padre, José María Romo González, quien aprendió el oficio gracias a su cuñado y convirtió aquel rincón en un punto obligado para zapateros, vecinos y visitantes que buscaban “curársela”… o terminar más enchilados.
“Mi papá trabajó aquí 50 años. Yo llevo 22. Aquí hemos estado siempre. Regresé de Estados Unidos para cuidarlos. Ellos me vieron nacer, yo los vi morir. Y aquí sigo, porque esto significa mucho para mí”, expresó contento.
Mariano prepara todo a mano: las tostadas, las salsas y hasta su cebadina artesanal. La estrella de la casa es la tostada tradicional de cueritos, acompañada únicamente de repollo, jitomate, cebolla y una salsa que no es jitomatera, sino molida.
También ofrece tostadas de oreja, jamón, queso de puerco y la célebre tártara, para quienes prefieren evitar el puerco.
Pero la verdadera experiencia está en las salsas, hechas con chile de árbol de primera selección. “No tiene ciencia es puro chile de árbol… pero hay que saber escogerlo”.
El puesto es famoso por un reto que ha pasado de generación en generación: quien logre comerse tres tostadas picosas “como él las sirve”… no paga. “A veces muchos se van porque piden la salsa aparte y ya no los veo llorar”.
Sus salsas, preparadas para durar hasta tres años sin refrigeración, se han vuelto tan buscadas que cientos de personas se las llevan a Estados Unidos, incluso han viajado hasta Alaska. “Gente que conoció a mi papá viene preguntando si aún está. Ya no está… pero aquí está su hijo”.
El peculiar nombre no lo eligió la familia, sino los clientes. A mediados del siglo pasado, en la esquina había una señora que rentaba historietas, entre ellas una muy popular llamada “Lágrimas y Risas… y Amor”.
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“Nomás que aquí de amor no hay nada, aquí es puro llorar. Tanto se enchilaban los clientes que parecía un duelo para ver quién resistía sin soltar la lágrima. Por eso se quedó el nombre”, compartió entre risas.
Desde hace unos cinco años, Mariano prepara también cebadina artesanal, una bebida refrescante y digestiva que, según él, “te baja lo enchiloso y la ansiedad”. En días tranquilos vende alrededor de seis litros, aunque los martes, día de tianguis, la demanda sube.
Mariano trabaja de 10:00 de la mañana a 4:30 de la tarde, siempre en la misma esquina donde su padre comenzó. Y aunque han surgido otros lugares con el mismo nombre, aseguró que ninguno tiene su sabor.
“El que conoce Tostadas Lágrimas y Risas sabe que la original es esta, la más antigua de León”, afirmó.
Para Mariano, este negocio es más que un modo de vida: es un homenaje a sus padres y a una tradición que ha acompañado a varias generaciones de leoneses.
“Es un orgullo. De aquí mis padres sacaron para darnos estudio, casa, carros. Esto sigue vivo gracias al público. Y qué bonito es que lo que te enseñaron tus padres sea hacer llorar… de picor y de gusto”, concluyó contento.
Y ahí continúa, en la misma esquina, con las mismas manos que preparan tostadas desde hace 76 años, esperando nuevos valientes que crean que pueden aguantar tres.

Foto: Cortesía