Afilar: un oficio que persiste
En un entorno donde muchos oficios tradicionales han ido desapareciendo, Miguel Ángel Méndez Luna se mantiene firme como afilador, una labor que, reconoce, hoy practican muy pocas personas. Con más de 20 años de experiencia, asegura que se trata de un oficio que ha resistido al paso del tiempo gracias a la constancia y a la pasión de quienes lo ejercen.
Miguel Ángel relata que su acercamiento a la afiladuría no fue inmediato. Durante su juventud trabajó en un taller mecánico, donde tuvo contacto con áreas como soldadura, pintura y hojalatería. Fue ahí donde comenzó a aprender sobre el afilado de herramientas, conocimiento que con el tiempo se convirtió en su principal actividad.
Aunque probó otros empleos y oficios, afirma que ninguno logró mantenerlo interesado por mucho tiempo. A diferencia de ellos, explica que en la afiladuría las horas pasan sin que se dé cuenta, lo que le confirma que encontró un trabajo que realmente disfruta.
Sobre su día a día, señala que el trabajo no siempre es constante, ya que hay jornadas en las que puede afilar hasta 30 cuchillos y otras en las que apenas atiende a algunos clientes. Aun así, destaca que salir a la calle y buscar trabajo forma parte esencial del oficio.
Para Miguel Ángel, la afiladuría es más que un medio de subsistencia. Describe su trabajo como una forma de arte, donde la prueba final está en la precisión del filo y en la manera en que una hoja corta suavemente el papel. Para él, cada cuchillo afilado representa dedicación, técnica y el orgullo de mantener vivo un oficio que se niega a desaparecer.