De la calle al cuadrilátero: la historia de Mónica González, entrenadora de box en León

La disciplina y las enseñanzas de su padre marcaron el camino que llevó a Mónica a convertir el boxeo en una forma de vida
Ha construido una trayectoria en el boxeo a través de la disciplina, el esfuerzo y la perseverancia. Foto: Alberto Aguilera.

En el mundo del pugilismo, donde la fuerza y determinación son fundamentales. Hay una mujer que se ha ganado el respeto y la admiración de sus alumnos, ella es Mónica González, entrenadora de box en León, Guanajuato.

Se considera una mujer fuerte, trabajadora, emprendedora, con carácter y que no se deja influenciar por cosas superficiales —Quiero dejar en mis alumnos algo bueno. Además del conocimiento, que ellos hablen, escuchen y se expresen con respeto— expresó.

Nada es imposible cuando sabes lo que quieres y trabajas por ello: Mónica González, entrenadora de box. Foto: Guadalupe Atilano.

Nada es imposible cuando sabes lo que quieres y trabajas por ello: Mónica González, entrenadora de box. Foto: Guadalupe Atilano.

Nació en Ciudad de México, ahí comenzó a escribir su historia. La pela más fuerte a la que se enfrentó, no fue en el ring –— Yo viví un tiempo en la calle, comía de la basura, me dormía en las alcantarillas o donde podía–—

Vivir en esta situación, no fue sencillo, compartió Mónica González –— Vi drogas y cosas muy feas. Me pasó hasta lo que no te imaginas. Toqué fondo y me dije: nadie, nadie vuelve hacer conmigo algo que yo no lo permita–—

Entre cartones y alcantarillas, ella aprendió a dormir con la alerta activada. A interpretar códigos no dichos, a saber cuándo correr, quedarse o esconderse. La calle no romantiza nada, huele a basura y a comida descompuesta.

El piso se convierte en cama y la banqueta en almohada, no hay baño de agua caliente, ni privacidad y por las noches el frio cala al igual que la soledad, describió.

Un día, en medio de esa situación de abandono, recordó los consejos de su padre: –—Yo siempre amé a mi padre. Él decía: en mi casa, ni rateros, ni drogadictos. Y cuando estuve en la calle recordé eso. Él nos inculcó el deporte, fue lo que me sacó adelante–—

Con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada, Mónica expresó el respeto y admiración por su padre –—Yo siempre quise que él se diera cuenta que yo seguí su ejemplo. Bendito Dios lo logré. Llegó un momento en que él me felicitó, me dijo que estaba muy orgulloso de mí–—

Momentos que marcaron su vida

Sus memorias de infancia so de un Padre militar: órdenes secas, jerárquicas, la dureza como idioma.

Una Madre rebasada por la vida y con la responsabilidad de cuidar a catorce hijos, donde las muestras de cariño eran escasas y la violencia una constante.

Un día se nos quemó la casa, mi mamá lloraba y mi papá era fuerte, le decía tranquila todo va a estar bien. Eso lo tengo muy presente—.

La historia de Mónica ésta llena de jabs, cruzados, ganchos y hasta “knockouts” (golpes básicos en boxeo) que la han colocado a ras de lona. Con el alma rota, y cicatrices invisibles.

–—Tuve que hacerme dura para poder vivir. Jamás deje el deporte, me hacía sentir bien. Tenía conflictos emocionales y lo que me ayudó fue el boxeo–—

Se ha levantado para iniciar el siguiente round en el cuadrilátero de su vida. Se puso los guantes y peleó contra los prejuicios, burlas y puertas cerradas y así logró abrir espacio para otras mujeres en este deporte.

Rompe estereotipos desde el ring; sus premios, reconocimientos y cinturones son reflejo de su esfuerzo y trayectoria en el boxeo. Foto: Guadalupe Atilano.

Rompe estereotipos desde el ring; sus premios, reconocimientos y cinturones son reflejo de su esfuerzo y trayectoria en el boxeo. Foto: Guadalupe Atilano.

Mudanzas y lecciones de vida

Hace más de 35 años, decidió que cambiar de ciudad era lo mejor. Así llegó al municipio de León, inició su entrenamiento hasta lograr la certificación como instructora de boxeo.

Aprendió reglas, ritmos, conteos y técnicas. Se convirtió en juez y referí. Creó su propio gimnasio “El ROCKY” lugar en el que entrena con técnica, respeto y disciplina –—Yo siempre busco aprender algo nuevo. Estudié mucho y ahora me siento preparada—.

Gimnasio “El ROCKY”, donde Mónica González entrena y comparte su pasión por el boxeo, está ubicado en Av. Belisario Domínguez Pte. #514, 3er piso, Colonia Obregón. Foto: Guadalupe Atilano.

Gimnasio “El ROCKY”, donde Mónica González entrena y comparte su pasión por el boxeo, está ubicado en Av. Belisario Domínguez Pte. #514, 3er piso, Colonia Obregón. Foto: Guadalupe Atilano.

Mónica González, concluyo con una reflexión: —Nada es imposible, cuando sabes lo que quieres y trabajas por ello. Es increíble lo que una mujer puede lograr, cuando es inteligente y se da cuenta que puede vivir con o sin un hombre a su lado y sentirse plena—

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