Entre varas de Sauz y memoria: la historia de Don Oliverio el artesano de 82 años que teje el legado de la “Capital del Nopal“
En la comunidad de Valtierrilla, conocida con orgullo como la capital del nopal, la historia no solo se cultiva en la tierra: también se entrelaza con las manos. Ahí, entre nopaleras y calles que guardan la memoria de generaciones, vive Don Oliverio González Ramírez, un artesano de 82 años que ha hecho de la vara de sauz no solo su oficio, sino su lenguaje de vida. “Me siento orgulloso porque gracias a este trabajo hice esta casita. Yo nunca pensé que de esto iba a vivir, yo para enseñarme duré 3 meses”.
Desde muy temprano, cuando el sol apenas asoma, Don Oliverio inicia su jornada. Sus manos, curtidas por el tiempo, dan forma a sombreros, canastas y piezas que, más allá de su utilidad, contienen relatos. Cada tejido es una evocación de su infancia, marcada por carencias económicas, pero también por una voluntad férrea de salir adelante. “No había mucho, pero había ganas”, parece decir cada fibra que entrelaza.

A sus 82 años, Don Oliverio González Ramírez mantiene viva la tradición de la vara de sauz en Valtierrilla, transformando este material en sombreros y canastas que representan el ingenio de la “capital del nopal”. Foto: Felipe Cansino
Las jornadas, que superan las 15 horas, no pesan cuando el trabajo se convierte en vocación. Para él, este oficio no es una carga, es disfrute. Es también resistencia: la permanencia de una tradición que se niega a desaparecer en un mundo que avanza con prisa. Don Oliverio no solo trabaja; honra una herencia.
“Yo me levanto a las 3:00 de la mañana a trabajar, rezo mi oración y le digo señor hoy en este día te agradezco y ofrezco mi cansancio. Yo todo el tiempo he querido mucho mi trabajo porque yo se lo pedí al señor”.
Su historia no puede entenderse sin su comunidad. Valtierrilla no es solo su lugar de origen, es el corazón que impulsa su identidad. Reconocida por su intensa producción de nopal, esta localidad se ha consolidado como un motor económico en la región.

Con jornadas que inician a las 3:00 de la mañana, Don Oliverio teje piezas que evocan su infancia y voluntad de superación, convirtiendo un oficio que aprendió en tres meses en el sustento de toda su vida. Foto: Felipe Cansino
Hoy, sus derivados cruzan fronteras, llevando consigo el esfuerzo de familias enteras que han hecho del campo y del ingenio su sustento.
Pero más allá de los números y la exportación, lo que define a Valtierrilla es su gente: trabajadora, resiliente, profundamente orgullosa de sus raíces. Don Oliverio es reflejo de ello. Hombre de fe, encuentra en lo cotidiano una forma de trascendencia. En cada pieza que termina, hay algo más que artesanía: hay identidad, historia y pertenencia.
A sus 82 años, Don Oliverio no solo teje objetos; teje legado. Su vida es testimonio de que el trabajo digno, la comunidad y el orgullo por el origen son hilos que, cuando se entrelazan, construyen historias que merecen ser contadas.

Más allá de la producción de nopal, la identidad de Valtierrilla se refleja en artesanos como Don Oliverio, quien a través del tejido de vara de sauz honra una herencia familiar y resiste al paso del tiempo. Foto: Felipe Cansino