Día Internacional de la Lengua Materna: Resistir, existir y enseñar con el corazón
Cada 21 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Lengua Materna, proclamado en 1999 por la UNESCO para visibilizar y proteger la diversidad lingüística y cultural del mundo. En México, esta fecha adquiere un significado profundo: se reconocen 68 lenguas originarias, habladas por millones de personas que mantienen viva la raíz de sus pueblos.
En Guanajuato, según el censo del INEGI 2020, 14 mil personas hablan alguna lengua indígena o materna. En León, la cifra se aproxima a 3,500 hablantes, muchos de ellos migrantes que llegaron en busca de mejores condiciones de vida, huyendo de la falta de servicios básicos, el impacto del cambio climático, la violencia o el desplazamiento forzado por megaproyectos.
El trabajo del CDI Loyola: dignidad para los pueblos originarios
El Centro de Desarrollo Indígena Loyola (CDI Loyola) acompaña desde hace más de 30 años a familias migrantes de pueblos originarios que llegan a León, Guanajuato. Formalmente constituido como asociación civil en 2011, su misión es la defensa de los derechos individuales y colectivos de estas comunidades.
La directora, Lic. Fabiola Hernández Hernández, explica que el trabajo se organiza en tres programas principales:
– Escuela intercultural NENEMI, un espacio educativo incluyente donde la cultura, la lengua materna y la cosmovisión de las familias son el centro.
– Campamentos Navali, que atienden a niños y jóvenes jornaleros agrícolas en tres ejes: salud, educación y nutrición.
– Casa de los Pueblos, que acompaña a artesanos residentes en León en procesos de autonomía y dignificación de su trabajo.

Las familias que atienden provienen de una gran diversidad cultural: Na Savi de Guerrero y Oaxaca, Tzotzil de Chiapas, Purépecha de Michoacán, Nahua de Veracruz, Mazahua del Estado de México, Ñañu de Querétaro y Wirrarica de Jalisco.
Sin embargo, enfrentan retos importantes: la falta de políticas públicas específicas que reconozcan sus necesidades como pueblos originarios migrantes. Muchas veces son clasificados como “grupos vulnerables”, pero sus demandas particulares quedan invisibilizadas.
El caso de Beatriz: náhuatl, raíz e identidad
La historia de Beatriz Molohua, joven de 26 años originaria de Orizaba, Veracruz, refleja la fuerza de las lenguas maternas. Migró con sus padres a León siendo apenas una niña, y desde entonces el náhuatl ha sido raíz y refugio en su vida.
Hoy trabaja como florista y apoya en el preescolar del CDI Loyola, donde acompaña a niños migrantes de distintas culturas. “Enseñamos con el corazón”, dice en náhuatl, recordando que su lengua materna es también un acto de amor.
En el aula, Beatriz integra el náhuatl junto con otras lenguas como el purépecha, otomí y wirrarika. Reconoce que muchos niños enfrentan la presión de hablar solo español, incluso en sus hogares, porque se les considera más útil para el trabajo. Ella misma vivió esa tensión en la secundaria, cuando tuvo miedo de hablar su lengua. Pero decidió no esconderse más: “Ya no quiero seguirme escondiendo, ya no quiero hablar solo en silencio”, recuerda.

La aceptación de sus compañeros y el acompañamiento del CDI Loyola le mostraron que las lenguas originarias son identidad, orgullo y amor por las raíces. Su mensaje final, también en náhuatl, es contundente: “No olvides de dónde vienes.”
Diversidad que resiste
El Día Internacional de la Lengua Materna no es solo una fecha en el calendario. Como señala la directora Fabiola Hernández, debe vivirse como un ejercicio constante de reconocimiento de la diversidad cultural que ya está presente en León y en todo México.
Las lenguas originarias resisten y existen. Son memoria viva, son raíz y son futuro. En cada palabra, en cada historia como la de Beatriz, se recuerda que hablar la lengua materna es un acto de dignidad y resistencia.