Helados en forma de rollo: una experiencia que se prepara frente a tus ojos
Más que un simple postre, los helados en rollo se han convertido en una experiencia visual y sensorial que sigue sorprendiendo a visitantes de la Feria de León.
Su preparación artesanal sobre una plancha congelada y su presentación poco convencional hacen que este producto sea uno de los más llamativos del recinto ferial.
Florentino Silvestre, encargado del negocio y quien lleva seis años operando esta franquicia, explicó que el concepto pertenece a la marca Lemime, originaria de Guadalajara y que incluso tuvo presencia en el programa Shark Tank México.
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“Fue mi papá quien decidió comprar la franquicia porque vio que era algo innovador, no se ve todos los días un helado en rollo”, señaló.
El negocio llegó a León hace ocho años, impulsado por Florentino Silvestre García, quien apostó por traer una propuesta distinta al mercado local.

“En la historia se cuenta que este tipo de helado viene de Tailandia, donde lo hacen con leche de soya, pero nosotros lo trabajamos con gelato italiano, lo que lo hace mucho más cremoso que un helado tradicional”, explicó Florentino Silvestre.
La preparación es parte fundamental del atractivo. El batido se elabora previamente y después se coloca sobre una plancha que alcanza temperaturas de entre menos siete y menos cuarenta grados centígrados.
Una vez congelado, se forma un cuadrado que posteriormente se empuja con una espátula para crear los característicos rollitos. Cada porción incluye tres rollos y se sirve en un platito, pensado para que las personas puedan consumirlo mientras recorren la feria.
“Hay gente que todavía, después de varios años, lo prueba por primera vez. Mucha se detiene solo a ver cómo se hace y dice ‘¡wow!’, porque es algo nuevo para ellos”, comentó.
Incluso, en algunas ocasiones, los clientes pueden participar en la elaboración de su propio helado, reforzando la idea de que no solo se vende un producto, sino una experiencia.
Entre los sabores más solicitados destacan el de vino tinto con frutos del bosque, Ferrero, chocolate, mango, nuez y el llamado Pink Monkey, de plátano con fresa.
Sin embargo, algunos representan un mayor reto en su elaboración. “El de vino tinto es de los más complicados porque el alcohol tarda más en congelarse; tiene que estar en su punto exacto para que salga el rollo”, explicó.

Para Florentino, el mayor valor de este negocio está en la reacción del público, especialmente de los niños.
“Se siente muy bonito cuando ves que les ayudas a hacer su helado o cuando se los entregas y ves que de verdad lo disfrutan. Saber que estamos dando algo que vale la pena y que a la gente le gusta, es muy gratificante”, expresó.
Actualmente, el local se encuentra ubicado en la Feria de León, debajo de la Macroterraza, en el local número 4, donde los visitantes pueden disfrutar de este postre que combina sabor, creatividad y espectáculo.