La emoción no solo está en subir, sino en esperar
La emoción en la Feria no comienza cuando el juego arranca, sino desde la fila.
Entre risas nerviosas, luces y música, los juegos mecánicos más extremos se han convertido en los principales imanes para jóvenes y familias que buscan una dosis de adrenalina.
Uno de los más solicitados es King, un juego mecánico de 18 metros de altura que destaca por su caída y balanceo, capaces de provocar gritos y cosquillas en el estómago incluso antes de despegar del suelo.
“Es una experiencia muy emocionante. Tal vez no es el juego más grande, pero cualquiera que te encuentres aquí te da la oportunidad de divertirte y desestresarte un rato”, expresó Abram Alcaraz un estudiante de ingeniería aeronáutica quién venía acompañado de sus amigos.
Sobre el tiempo de espera, Abram destacó que incluso en horas pico las filas avanzan con rapidez.
“Ningún juego pasa de los 20 minutos y la espera vale mucho la pena. A mi favorito sí estaría dispuesto a esperar hasta media hora”, comentó.
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La emoción también se repite en Jazmín Barrón, estudiante, quien relató que el nerviosismo inicial se transforma en diversión conforme el carrito se eleva.
“Al inicio sentía muchas cosquillas en el estómago y mariposas, pero después fue más divertido y me relajé”, compartió.
Alejandro Sánchez coincidió en que King cumple con su promesa de adrenalina.
“Cuando estás arriba sientes que se te sube la sangre, pero es una experiencia muy padre”, expresó, al asegurar que una espera de entre 10 y 20 minutos vale completamente la pena.
Otro de los juegos que ha concentrado largas filas es El Titán, una estructura que alcanza los 58 metros de altura y que ofrece una vista privilegiada de la ciudad iluminada, además de una experiencia intensa de giros y velocidad.
“Se siente muy padre. La primera vuelta es la que más se siente, pero ya después te acostumbras. La adrenalina está cuando sube y luego baja, cuando vas girando y agarras velocidad”, explicó Noé Robles comerciante que disfrutó el juego acompañado de su familia.
Desde lo más alto, dijo que la experiencia se vuelve aún más especial.
“Arriba se siente muy padre porque ves toda la ciudad iluminada, la catedral, se ve padrísima”, agregó, al señalar que no presentó mareos tras el descenso.
Enrique Robles, estudiante de enfermería, coincidió en que la mezcla entre temor y emoción es parte del atractivo.
“Es una sensación muy bonita y muy padre. Te genera adrenalina y un poco de terror cuando estás allá arriba y sientes que todo tiembla, pero cuando empieza a girar llega la emoción”, relató.
Aunque reconoció que el movimiento previo al arranque puede generar nerviosismo, aseguró que el juego permite disfrutar del momento.
“Te da un poquito de temor, pero de ahí en más todo bien. Disfrutas mucho la vista”, concluyó.
Así, entre filas que avanzan rápido y emociones que se multiplican, los juegos mecánicos confirman que en la Feria la adrenalina no solo se vive en el aire, sino también mientras se espera turno.


