Salvador, el comerciante que con amor vende bolsas en las calles de León

A sus 82 años, Salvador vende burros de madera y bolsas en León, mostrando disciplina y alegría tras más de 40 años de trabajo
Foto: 4 Noticias.

Cada tarde, cuando el sol comienza a ocultarse y la brisa recorre la esquina de Nicaragua y Parral Oriente, aparece Salvador Ramírez Valadez.

A sus 82 años, este comerciante leonés acomoda con calma sus bolsas de colores para el mandado y los tradicionales burros de madera para planchar.

“Me gusta venir a trabajar porque en mi casa me aburro, por eso vengo un rato”, platicó con una sonrisa, mientras acomoda su mercancía en un pequeño banquito.

 

Su vida ha estado marcada por el esfuerzo desde niño. Tras la muerte de su padre, comenzó a trabajar en un rancho con apenas 10 años de edad.

Más tarde, se convirtió en el coordinar de los misioneros en el Templo del Niño Obrerito, y con el tiempo encontró en el comercio un medio de sustento.

En Veracruz vendió cajoneras de carrizo y plástico, y al regresar a León comenzó a vender burros de planchar, negocio que mantiene desde hace más de cuatro décadas.

“Burros vendo desde hace más de 40 años. Antes viví en Veracruz como 10 años, allá vendía cajoneras. Luego me regresé para acá y ya me dediqué a los burros y las bolsas”, recordó.

La vida no ha sido sencilla. Salvador se casó a los 20 años y tuvo cuatro hijos, pero dos de ellos fallecieron, al igual que su esposa.

Actualmente vive solo, aunque su hija Verónica lo acompaña y cuida por las tardes, consciente de que su salud es frágil: ha sido hospitalizado en varias ocasiones y ha requerido transfusiones de sangre.

Aun así, el comerciante conserva el ánimo y la disciplina. Se instala entre semana de 7 a 10 de la noche, ofreciendo bolsas entre 35 y 70 pesos y burros de madera que llegan a costar 850 pesos.

Su presencia ya es parte del paisaje urbano de la zona, un símbolo de la perseverancia de quienes, incluso en la vejez, encuentran en el trabajo no solo un ingreso, sino una razón de vida.

“Me gusta salir, ver a la gente, platicar… así me siento mejor”, concluyó Salvador, quien, a pesar de las dificultades físicas, mantiene la costumbre de ponerle precio al esfuerzo diario.

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