Consumir alimentos ultraprocesados puede provocarte un paro cardiaco

El consumo de ultraprocesados ya es parte del día a día en México, pero su “practicidad” puede costar caro: hipertensión, diabetes o incluso infartos
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El consumo de alimentos ultraprocesados se ha normalizado en la vida cotidiana de los mexicanos. Su bajo costo y facilidad de acceso los han convertido en parte de la dieta diaria, pero detrás de su practicidad esconden un riesgo: pueden detonar enfermedades crónicas y hasta un paro cardiaco.

Los alimentos “procesados” son productos que han tenido una transformación mínima para poder consumirse, como cocción, congelación o envasado. Los “ultraprocesados” por lo contrario, son productos diseñados para enganchar al paladar con conservadores, saborizantes y la “triada adictiva” de azúcar, sal y grasas.

La diferencia es que mientras los procesados solo requieren una mínima transformación para su consumo, los ultraprocesados están diseñados para durar más en el anaquel y “atrapar” al consumidor, a costa de su salud.

“Estos productos están diseñados para enganchar. La industria utiliza una triada altamente adictiva: exceso de sal, grasas y azúcares. Es la combinación perfecta para nuestro paladar, pero la más dañina para nuestra salud”, explicó Mario Fernández, especialista en comunidades Indígenas y agroalimentación.

Lo que son refrescos, yogures azucarados, embutidos con bajo contenido de carne, sopas instantáneas, botanas y panes industriales forman parte de la lista de ultraprocesados que más consumen las personas.

“Parecen inofensivos, pero contienen conservadores, colorantes, saborizantes y aditivos que no aportan nada al cuerpo. Por el contrario, lo deterioran lentamente”, subrayó.

El daño al organismo comienza de manera silenciosa. “Un pan dulce industrial contiene tanta azúcar como sal. Eso eleva la presión arterial, acelera el desgaste del corazón y con el tiempo puede provocar un infarto, incluso en personas jóvenes”.

De acuerdo con el especialista, ya no es extraño encontrar a hombres y mujeres de apenas 30 años o incluso más jóvenes diagnosticados con hipertensión, diabetes o problemas cardíacos, padecimientos que antes solo se presentaban en adultos mayores.

El problema inicia desde la infancia. “Cuando un niño es expuesto desde los dos o tres años a refrescos, salchichas o botanas, su paladar se programa para desear sabores intensos y artificiales. Ese hábito lo acompaña de por vida y se traduce en generaciones enfermas desde temprana edad”, añadió.

Mario Fernández, agregó que el azúcar presente en la mayoría de los ultraprocesados actúa como “una droga legal”, capaz de crear dependencia y transmitir problemas de salud de manera intergeneracional cuando la madre lleva una mala alimentación durante el embarazo.

El investigador insistió en que sí es posible modificar los hábitos alimenticios sin caer en dietas restrictivas. “No se trata de prohibir, sino de reducir el acceso en el hogar a productos ultraprocesados y volver a los sabores reales”.

Entre sus recomendaciones, invitó a las personas a comprar en mercados y tianguis, verificar etiquetas y consumir tortillas de calidad. “Si un producto tiene ingredientes que no puedes pronunciar, quizá no debería estar en tu mesa”.

Finalmente, llamó a reflexionar sobre el rol de género en la alimentación. “No se trata de que las mujeres carguen con la cocina. Hombres y mujeres debemos compartir la responsabilidad de planear, cocinar y gestionar la alimentación del hogar”.

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