La cartonería en San José Iturbide: un legado familiar entre tradición y modernidad

En San José Iturbide, la cartonería sigue vigente gracias a familias que combinan tradición y creatividad para mantenerla viva
Foto: 4 Noticias.

Para Juan Daniel Hernández, la cartonería no solo es un oficio, sino un legado que corre por sus venas.

Pertenece a la cuarta generación de cartoneros de su familia, descendiente de Cornelio Hernández, quien dedicó su vida a la pirotecnia y a los “castillos” que iluminaban las fiestas patronales del municipio.

Hoy, entre la tradición heredada de su padre, Juan Hernández, y los proyectos innovadores que impulsa junto a su esposa, Hernández busca que este arte popular no se extinga.

La cartonería en San José Iturbide nació de la mano de la pirotecnia. Ante la necesidad de que las estructuras de los castillos fueran ligeras y móviles, los artesanos comenzaron a usar carrizo, hilo encerado y papel pintado, técnicas que se convirtieron en la base de las mojigangas, muñecas y Judas que hasta hoy se elaboran.

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Sin embargo, la transmisión de conocimientos fue interrumpida cuando Cornelio falleció, dejando huérfano al abuelo de Juan Daniel.

Su padre, Juan Hernández, reconstruyó los saberes de la familia a partir de retazos de memoria y aprendizajes dispersos, tarea que más tarde heredaría a su hijo.

“Mi experiencia fue ver a mi papá buscando las piezas de un rompecabezas perdido. A mí me tocó aprender trabajando en el taller, como tradicionalmente se hace”, recordó Juan Daniel.

Actualmente, colabora en Cornel Cartonería, proyecto encabezado por su padre, y al mismo tiempo impulsa con su esposa el Taller Chópar, una propuesta que busca actualizar la cartonería con temáticas contemporáneas y el retrato de la vida cotidiana moderna.

“Sentí que hacía falta un gancho para quienes no valoran la cartonería porque creen que es ‘solo papel’. Nuestro objetivo es retratar escenas de la vida actual que en 20 o 30 años serán memoria histórica”, explicó.

No obstante, el reto más grande es la poca retribución económica. A diferencia de Celaya, donde la cartonería se comercializaba por docenas en máscaras y muñecas, en San José Iturbide las piezas son por encargo y para eventos específicos.

“Es difícil vivir de esto; se necesita una buena inversión porque los materiales son costosos y el trabajo muy laborioso”, aseguró.

Pese a ello, Hernández ve con optimismo el futuro. Espacios como la Feria de Cartonería en San José Iturbide han permitido el diálogo entre maestros de distintas regiones, quienes discuten sobre cómo equilibrar lo tradicional y lo moderno.

Es un proceso muy enriquecedor; algunos creemos que hay que renovarse, otros prefieren mantener la tradición intacta. Lo importante es que la cartonería siga viva”.

Orgulloso de su herencia y convencido de su misión, Juan Daniel aseguró que continuará con este arte.

“Mi sueño es que algún día en todos los hogares de México haya al menos una pieza de cartonería. Porque no es solo papel: es tradición”, concluyó.

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