Tras perderlo todo, madres reciben la entrega pañales y leche

Vecinas afectadas por la inundación perdieron hogares y pertenencias, pero reciben apoyos esenciales que les dan fuerza para salir adelante
Foto: 4 Noticias.

María Ortiz, ama de casa y vecina de la comunidad de Ibarra, recordó con voz entrecortada el momento en que el agua rebasó su hogar. Perdió una cama y un mueble donde guardaba las pertenencias de sus nietos.

“Ahí estábamos sacando el agua hasta el siguiente día porque estábamos muy asustados, no podíamos salir porque en la entrada se hizo como un hoyo. No teníamos luz, ni leche, ni pañales para los niños, y no teníamos muy bien qué comer”, compartió.

Mientras sus dos hijos salían a trabajar al campo para intentar recuperar lo perdido, María se quedó al cuidado de su nieta de apenas dos años. “Ya estamos mejor, porque sí estuvimos batallando mucho, más que nada por la niña. Uno como quiera, pero la niña sí le hemos batallado”, expresó con un suspiro de alivio al recibir los cuatro paquetes de pañales y leche que le fueron entregado por el DIF.

Por otro lado, María San Juana, una joven madre de 23 años, que a días de dar a luz a su hijo Juan Carlos tuvo que evacuar con prisa al escuchar que la presa se iba a reventar. “Antes de que pasara me sacó mi suegra y me dijo que agarrara una mochila, agarré a mis niños y nos fuimos a casa de ella”, relató.

Tres días después regresó a su casa, y encontró que su ropero y su lavadora estaban inservibles. “Ahorita tengo un montón de ropa por lavar. Es más difícil ahora que no tengo lavadora, pero no me puedo arriesgar porque aún no me recupero bien. Aun así, tengo que ayudarle a mi esposo, si no, no salimos adelante”, compartió con el rostro cansado.

Gracias a los apoyos, San Juana ha recibido alimentos, pañales y leche para sus dos hijos, Tadeo y el recién nacido Juan Carlos.

Pero la historia más dura es la de María Modesta Méndez, quien no solo perdió muebles, sino su casa por completo. “Eso era una cosa que no creía, nos avisaron que ya se estaba desbordando y nos tuvimos que salir para casa de mis papás, y aún seguimos ahí. Al ver mi casa yo lloré, porque por muchos años trabajé para tener mi patrimonio, y perderlo es muy duro”, relató con los ojos llenos de lágrimas.

Hace unos días, Modesta comenzó a trabajar en una tortillería con la esperanza de reunir poco a poco el dinero necesario para restaurar su hogar. Aunque el camino ha sido difícil, su hambre de salir adelante continua.

“Estamos muy agradecidos con las personas que nos han apoyado con comida, con el mandado, ropa, zapatos, pañales y leche para los niños. Muchas gracias por todo”, concluyó con una sonrisa.

En medio de la pérdida, estas mujeres han encontrado consuelo en la solidaridad. Y aunque el agua se llevó parte de sus hogares, no logró arrastrar su espíritu de amor por sus hijos.

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