Tortas El Cata: el sabor que ha cruzado generaciones en Silao

Desde 1957, Tortas El Cata en Silao mantiene viva una tradición familiar con su receta original, salsa picosa y sabor que une a locales y migrantes
Foto: Jorge Rodríguez.

POR: JORGE RÓDRIGUEZ.

Frente a lo que fue el cine Montes, hoy Teatro Silao, un carrito de acero inoxidable da la bienvenida con un aroma inconfundible: pan suave, ingredientes frescos y una salsa que no perdona. Ahí, sobre la calle Álvaro Obregón Sur—la misma donde estuvo la antigua central de autobuses—Dulce Guerrero y su esposo continúan la tradición que su padre, Don Catarino Guerrero Ortiz, inició hace más de seis décadas.

“Mi papá empezó vendiendo en una charola. Se subía a los camiones foráneos que llegaban a la central a ofrecer sus tortas, y fue él quien las inventó con repollo y salsa de jitomate”, recuerda Dulce, mientras acomoda los ingredientes con una precisión heredada. El estilo original permanece intacto desde 1957. Ni la urbanización del centro, ni la gran inundación de 1976 lograron desplazar este rincón gastronómico que se volvió parte de la vida diaria de Silao.

En los años dorados del cine Montes, colarse con una torta del Cata en la bolsa del pantalón era parte de la función. “La gente venía a ver películas y se metía las tortas escondidas porque no los dejaban entrar comida”, cuenta Dulce con una sonrisa cómplice. No importaba el título en cartelera, sino el picor de la salsa y el aguacate bien repartido.

Entre las favoritas está la imponente Súper Cata, un festín frío de ingredientes que honra el ingenio de su creador: carnitas, chorizo, jamón, huevo cocido, queso de puerco, repollo, aguacate, su salsa especial —tan picosa que más de uno la ha llorado… y repetido— y, como toque crujiente final, un taco dorado, también conocido como taco de aire.

Las tortas El Cata han cautivado no solo a los vecinos del centro, sino también a quienes viven lejos. Gonzalo Gutiérrez, migrante en Los Ángeles, no perdona una visita sin pasar por su torta preferida: “Yo siempre me echo la de pierna con un taco dorado y harta salsa para que amarre”, dice entre risas mientras se acomoda junto al puesto callejero donde revive, mordida a mordida, los sabores de su infancia.

Tortas El Cata no es solo una antojería callejera: es un testimonio viviente del alma silaoense, una tradición que ha sobrevivido al tiempo, al agua, a los cambios urbanos y a la distancia. Desde una charola en los autobuses foráneos hasta un carrito en el corazón del centro, este legado familiar sigue recordando que hay sabores que ni el tiempo ni la nostalgia pueden borrar.

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