Teatro Juárez, la joya restaurada

Luego de 120 años de historia, la restauración del símbolo cultural de Guanajuato cerró sus puertas por un año
Foto: Antonio Partida.

Una cascada de aplausos es la obertura perfecta con la que nos recibe el documental “Joyas de Guanajuato: Teatro Juárez”, con guion y dirección de Enrique Rangel y producción de TV4, advirtiendo al espectador que su personaje principal, un exquisito palacio de imponente presencia, se ha nutrido, durante 120 años, del reconocimiento del público que le da razón de ser como símbolo incontestable de la cultura de Guanajuato.

Seiscientos mil pesos, pero de principios del siglo XX, fue el costo total de un teatro que fascinó desde su inauguración con los acordes del vals “Carmen”, del compositor y violinista Juventino Rosas, a quien el cine mexicano le otorgó el rostro de Pedro Infante en la cinta “Sobre las Olas” (Ismael Rodríguez, 1950).

Las notas de la melodía que desataron los primeros aplausos dentro del recinto, nombrado en honor de don Benito Juárez, fueron imaginadas por Rosas para complacer a doña Carmelita Rubio, la esposa del presidente de México, don Porfirio Díaz. Fue la misma pareja presidencial, rodeada de una comitiva de la “gente bien” de la época, quienes vieron alzar el telón, por primera vez, de tan ilustre edificio.

Aunque el Teatro Juárez pudo parecer —en su inauguración— una obra arquitectónica hecha en homenaje al polémico régimen de Díaz, el historiador guanajuatense Luis Ernesto Camarillo aclara que “es un teatro pensado como un emblema de la restauración de la República”, alejado de la visión tradicional que lo asocia con el porfiriato y los excesos del afrancesamiento.

Un legado cinematográfico y cultural

Las crónicas de la época ya lo describían como el edificio “más elegante, de entre todos los de su género, que existen en el país”. Con el pasar de las décadas, ha seguido manteniendo la magnificencia que retratan cintas desde la Época de Oro del Cine Mexicano como “Bugambilia”, estelarizada por Dolores del Río y Pedro Armendáriz (Emilio Fernández, 1945), hasta más recientes, como la película “Eisenstein en Guanajuato” (Peter Greenaway, 2015).

Adentrarnos en su magnificencia es “el más afiebrado viaje al surrealismo y al encanto guanajuatense”, según palabras de la escritora María Luisa “La China” Mendoza, y este trabajo documental nos invita a explorar, de manera ágil y lúdica, la historia de su magna restauración.

Es claro que esta pieza documental, de imágenes y memorias, nos da motivos suficientes para imaginar que, si Juan José Arreola despertara del sueño eterno y tuviera la oportunidad de ver los trabajos de remodelación del edificio, volvería a proclamar, como lo hizo en el libro de visitas del Teatro Juárez en los años 60: “Este lugar forma parte de nuestro patrimonio nacional”, como un ejemplo de lo que debe ser erigido y conservado para regocijo de los ojos y el espíritu eterno.

Y aunque cerró sus puertas un año, entre 2022 y 2023, su grandeza no se vio mermada. El desarrollo de este documental nos muestra, paso a paso, cómo la restauración le renovó la semilla que empezó a nacer desde que ingresaron los invitados que seguían a Porfirio Díaz y doña Carmelita: la aspiración de la eternidad artística que nacía para orgullo de las generaciones guanajuatenses y el legado de los mexicanos. 

 

 

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