Susana García: manos leonesas que restauran la fe

En León, Susana García restaura Niños Dios desde hace 20 años, un oficio familiar que preserva fe, memoria y emociones
Foto: 4 Noticias.

Susana García es restauradora de Niños Dios en la ciudad de León, pero su oficio no solo devuelve el brillo a las imágenes religiosas, también ilumina los recuerdos y emociones de quienes las llevan a su taller.

“Me da mucha satisfacción ver cómo llegan, cómo los voy arreglando y ya al final verlos terminados. Da mucha satisfacción ver cómo Dios me dio este talento y que la gente se vaya contenta”, expresó con una gran sonrisa.

Su historia comenzó hace más de 20 años, cuando cada diciembre colocaba un pequeño puesto a un costado del Mercado Aldama para vender estas figuras, un oficio heredado de su bisabuela Eutelia. Sin embargo, fue cinco años después cuando descubrió que su verdadera vocación estaba en restaurarlos.

“Restauraba los míos que se rompían; atrás de mí había una señora que tenía su puesto para restaurar, pero a la gente no le gustaba su trabajo. Entonces comenzaron a llegar conmigo, hasta que un día me decidí”, narró.

Desde niña, Susana sabía que tenía talento para las manualidades: tejer, moldear y crear con paciencia eran habilidades que formaban parte de su día a día, un don que corre por las manos de su familia.

“Desde niña tejer me gustaba mucho y esas cosas, y además mi familia se dedica a hacer alfeñiques. Ya no es tanto trabajo para mí porque es como una base que tengo, porque el alfeñique también se tiene que moldear”, compartió.

Hoy, su taller se ubica sobre el bulevar Hilario Medina, donde a lo largo del año recibe a decenas de clientes; solo en diciembre restauró alrededor de 200 figuras, cada una con un grado de dificultad distinto: algunas requieren apenas cinco horas de trabajo, mientras que otras pueden tomar hasta 15 días.

Y la labor continúa incluso después de Navidad, pues en enero muchos leoneses acuden con ella antes del Día de la Candelaria para vestir y bendecir a su Niño Dios.

“Por ejemplo, a este le volví a hacer las manitas porque las tenía muy feitas, como hechas de otro material y se veía chistoso, estaban muy cortitas. Así, si les falta un pie o lo que sea, nosotros se los hacemos”, explicó mientras mostraba una figura a medio terminar.

Mientras doña Susana resana y lija con cuidado, su hija se encarga de pintar los detalles y colocar las pestañas, un trabajo minucioso en el que el mayor reto es respetar el valor sentimental de cada imagen.

“Algunos me dicen que no le cambie el color, porque con el tiempo se hacen verdes y se respeta; otros me piden que le deje el color original. Entonces cuando se los entrego piensan que no son los de ellos y yo les digo: ‘sí es suyo’”, comentó entre risas.

Así, cada invierno, Susana García no solo restaura figuras: devuelve a la vida recuerdos, tradiciones y momentos especiales que cada Niño Dios guarda en silencio dentro de su taller.

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