‘Ser bolero es mi vida’: Andrés Romero Reyes de 86 años
Aprender el oficio de bolero se convirtió para el señor Andrés Romero Reyes de 86 años la mayor bendición que su padre le heredó y con motivo del Día del Trabajo, lo celebró haciendo lo que más le gusta, dejar relucientes los zapatos de sus clientes.
Con una trayectoria de 57 años como aseador de calzado, Andrés inició a trabajar a los 14 años en conjunto con su padre, quien murió a la edad de 90 años por complicaciones de salud; sin embargo, para el joven de ese entonces, el dolor se convirtió en fuerza y motivo para honrar su trabajo.
“Yo me sentaba a verlo trabajar y me agradó cómo limpiaba el cazado en ese tiempo y yo seguí la tradición de hacer este trabajo artesanal (…) Fue en el Barrio Arriba en el tiempo de la piel y curtiduría, ¿fue difícil para usted? Al principio, porque duré como un año para que me pasaran aquí al centro histórico y aquí ya tengo como 57 años”, comentó.
Luego de mucha dedicación y de pulir su técnica de trabajo, se convirtió en uno de los mejores boleros, lo que provocó que después de una pandemia y una crisis económica sin fin, el señor Andrés logró mantener su cajón vigente dentro de la plaza principal de la ciudad.

Foto: Antonio Partida.
Aunque la retribución económica en su momento le dio para levantar su patrimonio, y sacar adelante a su familia, actualmente la demanda es muy baja y lo poco que saca es prácticamente para comer al día.
“No señorita ya no, pues ha ido decayendo poco a poco, yo entiendo que esto de la boleada es una tradición y a través de los años pues ha ido poquito perdiéndose la tradición porque antes sí había mucho trabajo para notros (…) Cuando yo me inicié eran 40 centavos y fue aumentando de 60, y 20 centavos, me acuerdo que todavía cuando se cobraban $15.00 pesos se ganaba bien, ahora se cobran $40.00 peso pero ya no es lo mismo”, dijo.
Aunque fue padre de tres hijos, ninguno decidió aprender el oficio y aunque es algo que no le molesta, señaló que las nuevas generaciones no se toman el tiempo ni la importancia necesaria para aprender oficios como el de él, actividad que sin duda lo mantiene lúcido y en forma “hasta que Dios se lo permita”.
“Digamos que para seguir con este trabajo es que le guste a uno de corazón y que las cosas las haga uno como debe de ser , bien hecho y sentirse uno satisfecho. Yo para mí ser bolero es parte de mi vida, es mi vida (…) Inclusive tal vez estoy exagerando pero yo me he soñado algunas veces que estoy boleando, a veces me grabo tanto o me lo tomo muy enserio todo esto y se me queda en el subconsciente” comentó.