¿Sabías que la primera industria de León no fue el calzado, sino el textil? Conoce la historia que se tejió antes del cuero

Antes de que la zapatería y el calzado se establecieran en León, el textil ya estaba consolidado como motor económico de la ciudad.
Foto: Especial.

Mucho antes de que León fuera reconocido como la capital del calzado en México, la ciudad ya tenía una vocación industrial definida, aunque hoy poco recordada: la industria textil.

Antes del cuero, del zapato y de la curtiduría, León se levantó entre telares, hilos y el trabajo silencioso de mujeres artesanas que dieron forma a su primera economía productiva.

Así lo documentó Eva Guillermina Saviñón, abogada, escritora e investigadora de la memoria histórica leonesa, autora de una obra de crónica identitaria dedicada a rescatar el pasado industrial de la ciudad.

“La primera industria mecanizada y establecida como empresa fue La Americana, fundada en 1877”, explicó.

Foto: 4 Noticias

Dos años después de su fundación, La Americana marcó un parteaguas a nivel nacional. En 1879 instaló la primera planta termoeléctrica del país, en una época en la que León no contaba con alumbrado público ni electricidad en los hogares.

Te puede interesar: Déficit de costureras en sector textil de Guanajuato

“No había energía eléctrica que alumbrara las casas ni las calles de León; La Americana instala su propia planta termoeléctrica cuando el foco incandescente apenas estaba naciendo en el mundo”, detalló.

La energía se generaba mediante vapor, alimentado con carbón y leña, lo que permitió mecanizar los procesos textiles y alumbrar la factoría. Para 1908, la fábrica ya contaba con 200 empleados, convirtiéndose en un pilar económico para numerosas familias leonesas.

Foto: Cortesía

“La Americana fue vanguardista por su establecimiento, por el uso de energía eléctrica y por todo lo que aportó industrial y comercialmente no solo a León, sino a la región”, afirmó.

La vocación textil de León no se limitó a la industria mecanizada. De forma paralela, floreció la industria rebocera, considerada una de las primeras actividades productivas de la ciudad, con talleres ubicados principalmente en los barrios de

“El textil fue una vocación primaria y primera en León, Guanajuato, incluso antes del despegue de la zapatería y la curtiduría”, subrayó.

Foto: Cortesía

El auge del calzado y la curtiduría se dio entre 1926 y 1930, décadas después del establecimiento del textil como actividad económica.

Uno de los ejes centrales de la investigación de Guillermina Saviñón es el trabajo de las “apiñadoras” o “empuntadoras”, mujeres leonesas responsables de elaborar el rapacejo del rebozo, una filigrana que ancla la prenda al cuerpo.

“Ese colgante maravilloso que muchos llaman barbas del rebozo se llama rapacejo, y lo hacían mujeres leonesas con sus manos, tejiendo entre 27 mil y 52 mil hilos”, resaltó.

El trabajo se realizaba principalmente en casa, bajo un sistema similar a la maquila, debido a las restricciones sociales de la época.

“Les entregaban el lienzo con la urdimbre colgando y ellas lo trabajaban en sus propias casas, hincadas o sentadas, en un banco de madera”, relató.

Foto: Cortesía

A pesar de la complejidad de su labor, estas mujeres quedaron fuera de los registros oficiales. “No hay antecedentes documentados de ellas, y es una gran pena y una deuda social, no solo por ser mujeres, sino por ser auténticas artesanas y artistas”.

Más allá de su valor estético, el rebozo fue una herramienta esencial para la vida cotidiana de las mujeres. “No era solo una prenda de galanura y orgullo; servía para amamantar, cargar a los hijos, transportar leña, frutos y hasta para trabajar con las manos libres”, expresó.

Con la llegada de la modernidad, el uso del rebozo comenzó a desaparecer. Entre las décadas de 1950 y 1960, su producción decayó, incluso tras decretos nacionales que prohibieron su uso por considerarlo símbolo de atraso.

“Se prohibió el rebozo porque se le veía como un signo de atavismo; la modernidad llegó y la prenda fue relegada”, señaló.

Foto: Cortesía

La Americana estuvo ubicada en pleno centro de León, en los límites de las manzanas fundacionales, entre las actuales calles Aquiles Serdán, 27 de Septiembre, Melchor Ocampo y López Mateos.

“Todo mundo ha pasado por La Americana, pero nadie sabía qué fue ni dónde estuvo”, afirmó. El cierre definitivo de la fábrica ocurrió entre 1960 y 1961, tras conflictos laborales y una huelga que marcó el fin de la factoría.

“Fue una industria que dio trabajo, que dio luz y que fue sostén de muchas familias leonesas durante 81 años”, resaltó.

Foto: Cortesía

Rescatar esta memoria histórica no busca restar importancia a la zapatería, sino ampliar la identidad de la ciudad.

“Debemos volver a esos orígenes muy nuestros, respetarlos y honrarlos como se debe”, concluyó Guillermina Saviñón contenta.

Porque antes del zapato, antes del cuero y antes de la curtiduría, León se construyó con hilos, telares y el trabajo invisible de sus mujeres. Una historia que merece ser contada, escuchada y recordada.

— No te pierdas