Rufina Mezcalería convierte botellas en piezas artesanales que dan identidad al bar
En Rufina Mezcalería, cada botella vacía tiene una segunda vida. Lo que para otros negocios es basura, aquí se transforma en objetos con historia: vasos artesanales, lámparas cálidas que iluminan la entrada y portacubiertos.
El vidrio no termina en el contenedor, sino en “Taller Zero”, dando una segunda oportunidad un espacio donde se reinventa a diario.

José Alberto García del Toro, dueño de Grupo Alegría, explicó que la idea nació cuando detectaron que el vidrio era uno de sus principales residuos y, al mismo tiempo, un material valioso que estaban desaprovechando.
“Cada botella que se tira es una oportunidad que se pierde. Decidimos convertirlas en piezas únicas que también reflejaran la esencia del lugar”, compartió.

La transformación es completamente artesanal: las botellas se seleccionan, se cortan con precisión, se lijan y se pulen hasta obtener vasos resistentes, servilleteros o portacubiertos que hoy forman parte de la operación diaria de Rufina y Calavera.
Incluso algunas sirven para crear lámparas que se han vuelto parte del ambiente distintivo del bar.
El proyecto no solo reduce costos; también genera identidad. Los clientes beben en vasos hechos de las mismas botellas que se consumen en el lugar. “Es una forma de cerrar el ciclo. La gente se sorprende cuando se entera de que su vaso viene de una botella”.
Esta creatividad sustentable le ha valido al grupo premios nacionales e internacionales, pero más allá del reconocimiento, el impacto se vive en lo cotidiano: menos vidrio en la basura, piezas únicas hechas en casa y una narrativa visual que conecta con la comunidad.
En este bar, el reciclaje no es una obligación ambiental: es parte del estilo, del ambiente y de la historia que quieren contar.