Rocky murió tras explosión de pirotecnia
Se llamaba Rocky, y su historia ha generado indignación y tristeza entre vecinos y usuarios en redes sociales.
El perrito murió como daño colateral de un juego con pirotecnia que terminó en tragedia.
Los hechos ocurrieron en el callejón del Tigre, en la colonia Allende, en el municipio de San Miguel de Allende, donde inicialmente se pensó que Rocky era un animal en situación de calle; posteriormente, se confirmó que sí tenía dueño.
De acuerdo con testigos, los menores involucrados —de entre 7 y 10 años de edad— se encontraban jugando con pirotecnia en presencia de sus familiares.
En un primer momento, trascendió la versión de que el artefacto explosivo había sido introducido de manera intencional en el hocico del animal; sin embargo, una fuente cercana a los propietarios aclaró que el explosivo fue dejado al alcance del perro.
Rocky lo tomó con el hocico, provocando una explosión que le causó la muerte.
Especialistas y asociaciones protectoras de animales han advertido que la pirotecnia representa un riesgo grave para los animales, ya que el ruido puede causar miedo extremo, desorientación y reacciones impulsivas, además del peligro físico que implica el contacto directo con estos artefactos.
Durante temporadas festivas, los reportes de animales lesionados o fallecidos por pirotecnia suelen incrementarse.
En el estado de Guanajuato, el maltrato animal es considerado un delito y puede castigarse con penas que van de seis meses hasta cinco años de prisión, además de multas económicas, dependiendo de la gravedad del caso.
El caso de Rocky reabre el llamado a la responsabilidad de los adultos y al uso consciente de la pirotecnia, recordando que una omisión puede tener consecuencias irreversibles para quienes no pueden defenderse.