Para sostener a sus familias, jóvenes estarían dispuestos a empeñar motos y autos sin dejar sus estudios
Luego de los gastos decembrinos, enero de 2026 se perfila como uno de los meses más complicados para la economía de muchas familias.
La llamada cuesta de enero vuelve a poner a prueba a los hogares, especialmente a los jóvenes que, además de estudiar, cargan con responsabilidades económicas familiares.
Deudas acumuladas, ingresos insuficientes y nuevos pagos escolares obligan a tomar decisiones extremas. Para algunos estudiantes, la opción ya no es recortar gastos, sino empeñar sus bienes más valiosos con tal de seguir adelante.
Christian, estudiante de preparatoria, reconoció que la presión económica lo llevaría incluso a dejar su automóvil en una casa de empeño. Aunque estudia en una escuela pública, los gastos escolares y del hogar se han vuelto difíciles de cubrir tras el inicio del año.
“Yo estaría dispuesto hasta empeñar mi carro, sobre todo por la necesidad. Como soy estudiante, tengo gastos de la escuela y también de mi familia”, explicó.

Además, destaco que tras las celebraciones decembrinas el dinero “se fue rápido” y ahora el arranque del año se vuelve cuesta arriba. La falta de ingresos suficientes y el incremento de gastos lo han obligado a replantear cómo sostener su educación sin afectar la economía familiar.
Una situación similar vive Jesús Morales, estudiante de Ingeniería, quien recientemente acudió a una casa de empeño para dejar una cadena de oro y así cubrir gastos inmediatos. Padre de un bebé de apenas cinco meses, aseguró que la presión económica no se limita a su universidad, sino al mantenimiento de su hogar.
“La necesidad me llevaría hasta empeñar mi moto. Es para mi universidad, mi bebé y mi familia”, relató.

Aunque la motocicleta es su principal medio de transporte, Jesús afirmó que no dudaría en desprenderse de ella si la situación se complica. Entre reinscripciones, gastos de Reyes y necesidades básicas, enero se convierte en un mes especialmente pesado para quienes intentan estudiar y trabajar al mismo tiempo.
En la cuesta de enero, para muchos estudiantes, el sacrificio no es un lujo ni una decisión fácil, sino una estrategia de supervivencia para mantener vivos sus proyectos de vida y aspiraciones profesionales.