Óptica Leonesa: un legado de cristal que se niega a quebrarse

Fundada en 1923, ha pasado de generación en generación hasta llegar a Don Víctor Castillo, quien ha dedicado su vida entera al oficio
Foto: Especial TV4

En el corazón del centro de León, Guanajuato, en la calle Emiliano Zapata 127, se encuentra un pequeño local que guarda 102 años de historia y esfuerzo familiar: la Óptica Leonesa.

Fundada en 1923 por don José Vicente Castillo, este emblemático establecimiento ha pasado de generación en generación hasta llegar a las manos de Víctor Castillo, un hombre de 68 años que representa no solo el rostro del negocio, sino también su espíritu incansable.

La historia de la óptica inició frente al edificio de Correos, luego migró al Portal Guerrero y, desde 2002, permanece en su actual ubicación. A simple vista, el local es modesto, pero cada centímetro de ese espacio ha sido testigo del paso del tiempo, la dedicación y el amor por un oficio que ha dado sustento y estudios de vida a toda una familia.

Víctor recuerda el día que su padre lo llamó a trabajar. “Yo estudiaba en la Salle pero me dijo un día a mi papá que si no tenía trabajo no fuera a comer así que ese mismo día tuve que conseguir trabajo en 3Hermanos en las bodegas y al mes mi papá me dijo que me fuera a trabajar con él y así es como inicié en la óptica; mi padre me enseñó todos los secretos de la ótica no viendo si no trabajando” compartió Víctor.

Desde entonces, el tallado de cristales, el trato cálido con los clientes y la vida detrás de un mostrador se volvieron parte de su día a día. ”Esto es mi vida, para mí eso significa porque yo he pasado más largas horas de mi vida aquí en la óptica que en mi casa” expresó orgulloso.

La pandemia golpeó con fuerza la óptica. Por casi dos años las ventas se desplomaron y Víctor tuvo que recurrir a sus clientes de toda la vida, llamándoles uno a uno, ofreciendo promociones para no cerrar. “El cariño a la óptica y el cariño de mis clientes lo que me sostuvo” afirmó.

Hoy, sin embargo, el panorama sigue siendo complicado. Víctor ha sufrido dos infartos y las ventas no se han recuperado del todo. En redes sociales han circulado rumores sobre un posible cierre, lo que ha despertado una ola de apoyo ciudadano. Muchos insisten en no dejar caer este legado.

“Hace poco cerré unos días porque iba y venía del hospital. Me dolería mucha cerra, me dolería dejar este legado” manifestó con rostro triste.

Más que una óptica, este lugar es una cápsula del tiempo, una historia viva de la ciudad. Víctor no solo ha vendido anteojos; ha dado claridad a miles de miradas, ha escuchado historias, ha visto crecer a generaciones completas de clientes que siguen asistiendo, no solo es una necesidad, sino por afecto.

En una época donde lo inmediato suele borrar lo importante, la Óptica Leonesa es un recordatorio de que hay cosas que aún valen la pena conservar: el oficio, la historia, la dedicación y, sobre todo, el corazón.

— No te pierdas