Negocio de quesos con 20 años de tradición resiste inundación en Ibarra

Gloria lucha por salvar “Lácteos La Rosa”, negocio familiar afectado por la inundación en Ibarra y símbolo de tradición quesera en la región
Foto: 4 Noticias.

La comunidad de Ibarra no solo perdió pertenencias tras el desbordamiento de la presa; también vio en peligro sueños e historia. Uno de ellos es el que representa Gloria de la Rosa, dueña de “Lácteos La Rosa”, un negocio familiar con más de 20 años de tradición quesera que ha sostenido a su familia y alimentado a buena parte de la región.

Gloria es hija de Manuel de la Rosa, reconocido como el primer quesero de la comunidad, quien en su momento comenzó con una pequeña producción de queso para sacar adelante a su familia.

“Mi padre empezó con una pequeña cantidad de leche. No teníamos este local, empecé en una casa por el centro y luego llegué aquí. Me lo prestaron durante 15 días, pero luego me dieron chance de quedarme”, recordó.

Desde los 15 años, Gloria aprendió de su padre el arte de hacer queso, y hoy lidera uno de los negocios más conocidos en la región, produciendo variedades como panela, asadero, queso botonero, requesón y su producto estrella: el queso ranchero.

La leche utilizada proviene 100% de vaca, con un sabor característico agrio que ha conquistado paladares en San Felipe, Ocampo y León.

Diariamente compra alrededor de mil 200 litros de leche, con los que elabora cerca de 100 quesos pequeños y 200 grandes. Gracias a este esfuerzo constante, ha podido dar una buena vida y educación a sus tres hijos, quienes ahora son adultos.

La noche del desbordamiento, Gloria se encontraba en San Felipe. Al regresar a su comunidad, se topó con un panorama desolador. “Cuando llegué aquí el agua ya estaba a un metro. Abrí la puerta y empezó a meterse toda el agua, parecía un remolino. El portón se quería abrir solo. Tratamos de subir las cosas para que no se dañaran”, platicó con rostro desolado.

A pesar de los intentos, sus refrigeradores y varias hieleras con producto resultaron dañadas. Luego de una semana completa de limpiar lodo, sacar agua y tratando de recuperar su espacio de trabajo. “El agua tardó más de una hora en irse. Fue un momento muy feo, con mucho miedo”, señaló Gloria.

Durante ese tiempo, no pudo vender nada. La gente del lugar tampoco tenía recursos para comprar, lo que forzó un paro total en sus operaciones. El golpe económico fue fuerte, pero más lo fue el emocional.

“Yo estoy bien, pero mal por la demás gente, porque es gente que uno conoce de toda la vida. Yo estuve ahí ayudando mucho a mis vecinas. Yo hasta me enfermé también. Mucha gente se enfermó del susto. Y como es un rancho chiquito, aquí todos se conoce pero no porque a mí no me pasó nada no voy a sentir nada por los demás”, expresó mientras unas lágrimas recorrían su rostro.

A pesar del impacto, Gloria no se rindió. Hace apenas una semana retomó sus labores, decidida a seguir con el negocio que representa no solo una fuente de ingreso, sino el legado de su padre y su comunidad.

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