Migrantes continúan con el sueño americano, otros ya lo han abandonado
Carlos Peña decidió salir de Venezuela en 2017, empujado por la escasez de comida y la falta de empleo. Hoy, con 27 años, ha recorrido un largo camino buscando un futuro para su familia.
Durante siete años vivió en Colombia y trabajó en una panadería. No lo hizo solo: su esposa Yarlenys y sus dos hijos, Dilan de 8 años e Irene de 5, han sido su mayor motivación.
Pero la separación se volvió inevitable pues el costo de migrar era tan alto que Yarlenys tuvo que quedarse en Colombia con Irene. Carlos emprendió la travesía a México con su hijo Dilan hace apenas año y medio.
“Yo me vine como se vienen todos, por un mejor futuro para mi familia”, compartió Carlos, con el rostro cansado. Sin redes de apoyo ni guarderías que lo reciban, pedir monedas en los semáforos se ha vuelto su única fuente de ingreso, mientras espera juntar lo suficiente para reencontrarse con su esposa e hija.
Franklin y Kaori salieron hace dos meses de Honduras con su hija de dos años Violeta. “Si es voluntad de Dios, vamos a llegar, si no, no. Allá nos espera un mejor futuro para nuestra hija”, comentó Kaori.
Henderson Medina, de 25 años, dejó Venezuela hace tres años. Su objetivo era Estados Unidos, pero el camino lo llevó por Costa Rica, donde trabajó como ayudante de carpintería. Luego, vivió siete meses en Chiapas donde conoció a su pareja Adileya. Allí nació su hijo, Damián.
Actualmente transita en Irapuato, donde trabaja en la Central de Abastos. “La idea ya no es llegar a Estados Unidos, sino ahorrar y quizás regresar a Venezuela, para nosotros el sueño americano se terminó”, platicó con voz cansada.
Juan López, de 24 años, originario de Venezuela, vivió ocho años en Colombia los cuales se dedicó a estudiar el bachillerato antes de migrar. Él decidió salirse de su país al ver las carencias y necesidades e ir en busca de nuevas oportunidades.
Al migrar llegó a Ciudad de México donde conoció a su pareja; ambos con la idea de construir un buen futuro decidieron viajar a los Estados Unidos donde tiempo después tuvieron a su hijo.
Sin embargo, el sueño americano duró poco. Juan fue deportado en el 2024 “era un día cualquiera me subieron a una camioneta a la fuerza y de ahí a la corte donde me dieron deportación y fue cuando me regrese para acá”, comentó con desilusión.
Hoy, Juan se dedica a vender dulces en los semáforos donde reunirá dinero para poder tener una casa y ofrecerle algo a su hijo y pareja cuando regresen. “Ya no es un sueño para mí ir a Estados Unidos porque allá tratan muy mal a uno, lo menos precian”, confesó Juan.
Para estos migrantes, el sueño americano sigue siendo el mismo y para otros definitivamente lo abandonaron. Ya no es solo llegar a un país, sino alcanzar la estabilidad, la reunificación familiar y el descanso emocional.