La paletería que ofrece más de 70 sabores artesanales

Con más de 70 sabores de paletas y 50 de nieves, Maximinio Malfabón transformó la tradición paletera en arte artesanal
Foto: TV4

Lo que comenzó con sabores clásicos como guayaba, fresa y vainilla, hoy se ha transformado en un catálogo de más de 70 sabores de paletas y 50 de nieves, creadas bajo procesos artesanales que combinan tradición, técnica, creatividad y una profunda herencia familiar.

Detrás de esta explosión de sabores está Maximinio Malfabón, paletero originario de Tocumbo, Michoacán, considerado uno de los principales puntos de origen de los paleteros en México.

“Tocumbo es el estado más paletero del país porque en México hay dos partes donde somos paleteros de toda la vida; uno es más viejo que el otro, uno está en Jalisco, y de ahí seguimos nosotros”, explicó.

Desde muy joven, su vida estuvo ligada al trabajo duro. Antes de convertirse en paletero, laboraba en el campo, hasta que en 1971 inició formalmente en el oficio en San Francisco del Rincón, Guanajuato, gracias a un negocio familiar. “Un cuñado, un yerno de mi papá, nos vendió un negocio y ahí nos pusimos a trabajar”, recordó.

Como muchos paleteros michoacanos, su historia forma parte de una migración laboral interna que llevó a familias enteras a instalar paleterías en distintas regiones del país. “Primero se iban los primos, los tíos, los abuelos; ponían una paletera y luego se traían al hijo, al yerno, a la nuera”, narró.

Su camino lo llevó por Tijuana, Jalisco y diversas regiones de México, hasta que finalmente llegó a León, Guanajuato, ciudad que terminaría adoptándolo. “Vine a caer aquí porque aquí conocí a la que es mi esposa y porque tuve la fortuna de comprar este pequeño local; de aquí inicié una pequeña cadena de varias sucursales”, señaló.

Aunque sus paleterías conservan el estilo michoacano, decidieron llevar un nombre propio: Paletería y Nevería del Cuesillo, un homenaje al barrio que marcó su vida.

“Llegué aquí hace 35 años, aquí conocí a mi esposa y me enamoré del nombre del Cuesillo”. Incluso el logotipo refleja su arraigo a León, con símbolos como el zapatero, el Arco de la Calzada y el león.

Uno de los rasgos que más distingue a su negocio es el precio accesible, logrado a través de décadas de experiencia y reducción de costos. “Una paleta vale 15 pesos y un medio litro de nieve 35 pesos; sé perfectamente que mis compañeros pagan renta y muchos costos, pero yo en más de 60 años logré bajarlos”, explicó.

Esa reducción fue posible gracias a la inversión en maquinaria y procesos propios. “Muchos jóvenes prefieren comprar una camioneta antes que comprar maquinaria; yo compré maquinaria para modernizar el producto y bajar costos”, afirmó.

Para no afectar a otros paleteros michoacanos, tomó una decisión difícil. “Para no perjudicarlos, preferí quitarle el nombre de La Michoacana con todo el dolor de mi corazón; al final ya soy 100% del Cuesillo, 100% leonés”, expresó.

La verdadera transformación llegó con la innovación de sabores. Malfabón inició con los clásicos: “Yo empecé con guayaba, fresa, grosella, uva, chocolate, nuez y vainilla”. Sin embargo, la curiosidad y la observación lo llevaron a experimentar.

Su primer gran cambio fue una paleta rellena de lechera. “Vi que los brasileños la hacían así, la probé y vi que a la gente le encantaba; ahí me di cuenta de que la gente respondía a los productos nuevos”.

Desde entonces, surgieron sabores poco comunes como mazapán con cacahuate, cuidando el equilibrio del dulzor; paletas visuales de mango, kiwi y fresa; y creaciones que apelan tanto a la vista como al gusto. “La gente ya no come con la boca, come con los ojos”, afirmó.

Uno de los procesos más detallados es el de la paleta de higo con miel de abeja. “Compramos miel, machacamos el higo con un palito, sacamos su jugo y le ponemos exactamente un litro de miel para 40 paletas; no podemos poner más porque se fastidia el paladar”, detalló.

Otro ejemplo es la paleta de tres quesos, elaborada con leche producida por ellos mismos. “Ordeñamos a las seis de la mañana, pasteurizamos, homogenizamos y hacemos un queso especial sin sal para poderlo mezclar con el helado”.

Cada nuevo sabor pasa por un filtro colectivo. “Habemos 20 paleteros; si el sabor no les gusta a los 20, no sale al público”. Destacó que, el desarrollo puede tardar entre una semana y 15 días.

Actualmente, la carta incluye sabores extravagantes como Gansito, Chocorrol, Changunga o Nancy, combinaciones de cuatro frutos, y paletas especiales para eventos, como las de tequila o vino, sin alcohol. “Son para ocasiones especiales, pero no las vendemos al público”, aclaró.

Actualmente, la paletería maneja una oferta en constante crecimiento. “En nieves tenemos 50 sabores y en paletas alrededor de 70, y van aumentando conforme salen frutas, dulces o productos nuevos al mercado”, puntualizó.

Para Maximinio Malfabón, después de décadas de oficio, el secreto es sencillo. “Cuando se tiene tantos años de paletero, nada es difícil; difícil es cuando eres principiante”.

Desde León, Guanajuato, su historia demuestra que la paleta dejó de ser solo un postre tradicional para convertirse en una expresión artesanal del sabor, la identidad y la innovación mexicana.

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