Ángel, joven venezolano que encontró en León un lugar seguro mientras su país buscaba justicia
Ángel, un joven venezolano que encontró en León un lugar seguro mientras su país buscaba justicia
La migración no siempre comienza con una maleta, a veces inicia con miedo. Así lo relató Ángel García, joven nacida en la Ciudad de México y creció en Venezuela.
Actualmente residente en León, Guanajuato, quien junto a su madre dejó el país sudamericano en 2016 ante el deterioro de la seguridad y la crisis económica.
Ángel llegó a Venezuela a los ocho años para vivir con su madre en casa de sus abuelos. Aunque en ese momento el país ya mostraba signos de inestabilidad, recuerda que el punto más crítico se dio a partir de 2013, con la llegada de Nicolás Maduro al poder.
“Ahí todo empeoró: la economía, lo social, lo cultural. La delincuencia era lo que más nos afectaba”, explicó.
Salir a la calle por la noche, acudir a un centro comercial o simplemente caminar con un celular podía convertirse en una sentencia.
“Asaltaban y asesinaban personas solo por quitarles los zapatos”. Ese entorno fue determinante para la decisión de su madre, Sandra, quien temía que su hijo creciera en un país donde jugar en un parque era un riesgo.
A pesar del contexto, Ángel no vio interrumpida su educación. Estudió en colegios privados de bajo costo y logró concluir la primaria y parte de la secundaria en Venezuela. Sin embargo, la escasez de alimentos, medicinas y la falta de insumos hospitalarios terminaron por hacer insostenible la vida cotidiana.
“Había que hacer filas larguísimas para comprar productos básicos y muchas veces no se conseguía nada”, relató. Pero más allá del desabasto, la inseguridad fue la gota que derramó el vaso.
Madre e hijo regresaron a México en 2016. Primero se establecieron un mes en la Ciudad de México y después se mudaron a León, donde encontraron estabilidad.
“Me impactó ver supermercados llenos, ordenados, con variedad de productos. En Venezuela los anaqueles estaban vacíos o ponían un solo producto en fila para disimular”.
Ángel aseguró que la percepción de seguridad y el trato fue mayor en México con las personas que marcaron la diferencia.
“Me sentí bienvenido, tanto en la escuela como en la vida diaria. Fue una experiencia positiva”.
Hoy, tras los recientes acontecimientos políticos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, Ángel dijo sentir una mezcla de alivio, justicia e incertidumbre. “Es como estar en shock. Durante años dijimos que cuando pasara esto íbamos a celebrar, y sí hay alegría, pero también muchas preguntas sobre lo que sigue”.
Desde León, mantiene contacto con sus abuelos, quienes permanecen en Venezuela. Dice que hay esperanza y calma, pero también cautela ante los intereses políticos que rodean al país. “Queremos elecciones libres, democráticas, que se respete la soberanía del pueblo”.
Aunque no contempla regresar a vivir de forma permanente, sí desea volver de visita. “Empezar de cero otra vez es complicado. Ya llevo nueve años aquí”.
Para quienes resistieron dentro y fuera de Venezuela, su mensaje es: “la espera valió la pena. Hubo estudiantes asesinados, presos y familias enteras marcadas por el régimen. Pero su lucha no fue en vano. Al menos ahora pueden saber que se hizo justicia”.
La historia de Ángel es el reflejo de una generación que tuvo que huir para sobrevivir y que hoy, desde el exilio, observa con esperanza y prudencia el posible renacer de su país.