‘Poseo más aplomo y serenidad

Aunque ha mantenido la confrontación política como una constante, el Presidente Andrés Manuel López Obrador se confesó ayer como una persona con más aplomo y serenidad
Foto: Agencia Reforma.

Así cerró su discurso con motivo del Cuarto Informe de Gobierno, entregado ayer al Congreso de la Unión.

Desde Palacio Nacional, se dijo agradecido con quienes lo han acompañado en la Cuarta Transformación durante 44 meses.

“Amigas y amigos: Les confieso que ahora poseo más aplomo y serenidad que antes, ha crecido aún más, esto sin duda, mi respeto y el amor al pueblo. Creo con racionalidad, con mística y con optimismo que triunfará la Cuarta Transformación de México”, dijo.

“Estoy feliz porque la revolución de las conciencias ha reducido al mínimo el analfabetismo político. Gracias a los servidores públicos que me acompañan y a todas y todos los mexicanos por participar en esta odisea en pos de la felicidad del pueblo y la prosperidad de la patria”.

En lo personal, también dijo sentirse “bien y de buenas”.

Pero eso no le impidió lanzar críticas y reclamos a quienes han cuestionado su estrategia de seguridad, uno de los temas más polémicos de su Administración.

“Que nadie se confunda o se haga el que no sabe. En nuestro Gobierno no hay personas como García Luna, no se permite la violación de derechos humanos, la autoridad no es cómplice, encubridora y tampoco ejecutora de torturas y masacres. Se combate la impunidad y existe toda la voluntad para no dejar sin castigo ningún delito. El caso Ayotzinapa es una prueba”, soltó, minutos antes de que el ex Procurador Jesús Murillo Karam fuera trasladado de la cárcel al hospital.

“Quizá algunos o mucha gente no sepa, o tenga una percepción distinta, por la campaña sensacionalista, amarillista de los medios de información que actúan al servicio de nuestros adversarios conservadores”.

Nuevo ritual

El político tabasqueño estrenó ayer formato.

Eligió como escenografía la planta alta del patio central de Palacio Nacional para pronunciar un discurso de 45 minutos, con un mural de Diego Rivera a sus espaldas.

Tal y como ha ocurrido en sus otros 15 “informes al pueblo”, en esta ocasión no hubo besamanos.

Como invitados, solo asistieron los integrantes de su gabinete legal y ampliado, el titular de la FGR, Alejandro Gertz, y el presidente de la Corte, Arturo Zaldívar.

De su familia, estuvieron su esposa Beatriz Gutiérrez y su hijo Andrés López Beltrán.

No llegaron los Gobernadores ni empresarios ni embajadores o representantes religiosos.

Quienes sí estuvieron y en primera fila, fueron sus tres “corcholatas” que aspiran a ser los abanderados de Morena en la elección de 2024.

En primera fila, frente al atril del Jefe del Ejecutivo, se pudo ver juntos a Adán Augusto López, Secretario de Gobernación, Claudia Sheinbaum, Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, y Canciller Marcelo Ebrard.

El primero en llegar fue el titular de Segob, quien se enfrascó en un diálogo con el vocero presidencial, Jesús Ramírez, antes de buscar su lugar.

Luego, vestida de morado, arribó la Jefa de Gobierno capitalina.

El tercero en aparecer en escena fue el titular de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, quien antes llegar a su silla, extendió la mano y saludó de beso a Sheinbaum, quien le respondió sonriente.

Para ese momento, Adán Augusto había dejado de escribir en su celular y seguía con la mirada al Canciller, quien daba un abrazo a Leticia Ramírez, la nueva Secretaria de Educación.

Unos segundos después, las miradas de Ebrard y López se encontraron.

Ambos se saludaron con un apretón de manos y con sendas palmadas en los hombros.

Enseguida se escuchó el toque militar que anunciaba la llegada del Presidente.

Los tres permanecieron en orden, serios, durante los 50 minutos que duró el acto político.

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