‘Espantados no, aquí vivimos igual’
Antonio Baranda
Armando Martínez tiene dos pensamientos antes de abordar el avión de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) que lo llevará a México: su familia y los tacos.
“Vamos a ver a la familia primero Dios y a comer tacos de carnitas“, expresa visiblemente contento después de contar la guerra en primera persona.
“Lo veo ahorita en las noticias y ¡nooo!, sí se ve feo. Sí estaba muy feo ahí en Ucrania, muy feo el bombardeo“.
Martínez, de 50 años de edad, es uno de los 63 mexicanos y familiares directos que ayer abordaron el avión de la FAM.
Pero su historia es peculiar. Llegó a Kiev, Ucrania, unas semanas antes de los primeros bombardeos rusos, para hacer trabajos de albañilería en casas particulares.
Ucrania fue el segundo país europeo en el que el hombre originario de Tlalnepantla, Estado de México, trabajó reparando casas junto con otros dos mexicanos: Alfredo Gómez y Jesús Jerónimo Pérez. Antes estuvo alrededor de cinco meses en Budapest, Hungría.
¿Cómo llegó ahí? Un amigo que conoció en las obras en las que trabajaba en México, le dijo que su patrón necesitaba a mexicanos que realizaran ese trabajo en Hungría.
No lo pensó mucho y se fue sin saber inglés o algún otro idioma, sin haber pisado antes otro país y sin contar con la ropa necesaria para el frío.
“Nos invita un amigo a trabajar y llegamos aquí a pintar unas casas y (a hacer) acabados en unos departamentos“.
Martínez vivió los primeros bombardeos en Kiev; tuvo que salir huyendo a Hungría en el auto de un conocido y después fue llevado a Rumania en un trayecto que le tomó 20 horas.
Durante varios días estuvo viviendo en un refugio habilitado por las autoridades de Bucarest, donde dice que lo atendieron muy bien.
“Las familias de Ucrania que están ahí en el albergue todas están muy tristes, no sé cómo explicarlo, pero es algo feo para todos”, expresa.
“Sí nos aterrorizamos con las alarmas, suenan más fuertes aquí que en México. No sabe uno ni para dónde ir”.
–¿Regresarías a trabajar a Ucrania o algún otro país?-, se le pregunta.
“No, ya no, con esto ya no, ya mejor en México, como México no hay dos, ahora sí como dice el mexicano: México nada más hay uno“, responde el padre de familia, cuyo nieto nació la semana pasada.
Para Alfredo Gómez, aunque pudo huir de Ucrania, ahora vuelve a otra guerra: la que se enfrenta en México por la delincuencia.
“Así muy espantados, no estamos, en México vivimos igual, ahí toda la vida hay guerra, hay mucha delincuencia. Es más, hay estados que viven en guerra. Y somos nosotros mismos, no son otros invasores”, señala.
Gómez, de 47 años de edad y originario de la Ciudad de México, relata que viajó a Europa para trabajar en el sector de la construcción, no por gusto, sino porque las circunstancias lo obligaron.
“Somos migrantes, trabajadores. Así nos aventamos. Lo que pasa es que no sales por gusto, las circunstancias te obligan a buscar otros lugares de trabajo y la situación económica” Jesús Jerónimo Pérez , de 56 años de edad, recuerda cómo los tomó la guerra por sorpresa, cuando reparaban casas en la capital ucraniana.
“De repente oímos los sonidos, como se escucha en México el día de la feria, las fiestas, y pues fue algo impresionante. Fue duro, porque se escuchó el golpe cerca, ya lo que hicimos fue salir, correr. No sé (ni para dónde corrí), simplemente nos subimos a un carro, a una camioneta con mucha gente, y nos sacó afuera de Kiev, y ahí conocimos a unas personas que nos sacaron a la frontera con Hungría“.
“Todo lo que pasó allá fue de momento, tan rápido que no nos dio tiempo de sacar cosas de valor, nada más lo que pudimos, mira qué tenis traigo, ¡están todos rotos!“, dice el vecino de Ecatepec, Estado de México.
El mexiquense reveló que no es la primera vez que trabajaba reparando casas fuera de México, ya que hace muchos años también lo hizo en Estados Unidos, a donde cruzó como indocumentado.
“Eso fue hace mucho tiempo, ahora ya fue con papeles”.