Luego de la sequía se presenta la alegría para los pescadores y restauranteros
Juan Gómez quien es pescador desde los ocho años, hoy representa al sector pesquero del parque. Recuerda con claridad el año 2022, cuando el nivel del agua cayó a tal punto que el trabajo simplemente desapareció.
“La pasamos totalmente mal. A veces solo pescábamos dos o tres peces al día. Muchos no teníamos trabajo ni forma de movernos a otros oficios. Yo estuve vendiendo nieves y quesadillas para ayudarme”, compartió con la mirada fija en el agua que vuelve a brillar.

Juan es padre de tres hijos y sostiene a su familia con lo que el lago le da. Durante la crisis, salió a vender productos en la calle para mantenerse. “Fue difícil porque no sabíamos qué hacer, pero el municipio nos apoyó proporcionándonos mercancía para vender. Aun así, se extrañaba pescar”, afirmó.
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La presa del Palote ha alcanzado más del 100% de su capacidad, y los pescadores ya preparan sus redes y lanchas para la temporada de pesca, que comenzará en noviembre. “Cuando está llena así, llegamos a sacar hasta 70 kilos de mojarra. Es otra vida”, platicó Juan con una mezcla de emoción y orgullo.
Para él, pescar no solo es un sustento: es una herencia familiar. Su padre fue uno de los primeros en echar redes en este lago. Juan se levanta a las 6:00 a.m. para continuar la tradición: subirse a la canoa, remar y buscar el alimento que da sentido a su hogar.
La historia de recuperación no se limita al agua ni a los pescadores. También llega a la cocina. A pocos metros de la orilla se encuentra el restaurante “Pelícano”, propiedad de Elizabeth Moreno, quien heredó el negocio de su padre, don Martín.
Durante la sequía, el “Pelícano” fue uno de los más golpeados. “La gente pensaba que ya no había nada, ni palapas ni pescado. Algunos días apenas venían tres familias”, recuerdó Elizabeth.
Para seguir operando, tuvo que comprar pescado en otros partes como Guadalajara y Yuriria, lo que elevó sus costos, justo cuando menos clientela había.
Pero ahora el panorama es completamente distinto. Con el parque revitalizado, el restaurante ha vuelto a llenarse. “Ahora vienen familias enteras. Hemos tenido hasta 300 personas en un solo día. El parque volvió a tener vida”, afirmó contenta.
Elizabeth también recuerda cómo, de niña, la presa llegaba hasta la orilla de las zonas de recreación. “Eso motivaba a la gente a venir, a pasar un día en familia, a sentirse parte de este espacio. Eso es lo que está regresando”, finalizó.

Y es que el Parque Metropolitano vive un renacer. Los amaneceres reflejan un espejo de agua impecable, patos y garzas surcan el cielo, los árboles sacuden gotas que refrescan el césped, y los niños corren, juegan y ríen entre los senderos, mientras el tren del parque vuelve a sonar, cargado de visitantes que disfrutan del paseo.
El reverdecer del parque no es solo visual, es emocional. Después de cuatro años, la presa alcanza nuevamente su máximo esplendor. En 2021 llegó incluso a superar el 121% de su capacidad, pero desde entonces no se había vuelto a llenar así. Hoy, con niveles óptimos, se ha convertido en un símbolo de esperanza.