Las brujas de San Francisco del Rincón: La leyenda que encendió el mercado
En la capital sombrerera de Guanajuato, existe un barrio donde la historia se mezcla con lo sobrenatural. Conocido antiguamente como “La Cebolleta” por la abundancia de hortalizas de cebolla en la zona, el barrio adoptó el nombre oficial de San Antonio tras la construcción del templo que hoy lo caracteriza. Sin embargo, el sobrenombre sigue vivo en la memoria de algunos vecinos, sobre todo por la historia de Las Brujas.
Corría el año de 1945 cuando el entonces presidente municipal, Atanasio Guerrero, ideó una peculiar estrategia para atraer el comercio como la gente que se dedicaba a la venta de comida y ropa de Purísima a San Francisco con la historia ficticia sobre brujas. Moisés Pacheco, encargado del Archivo Histórico Municipal, relató la persecución escénica de estas dos supuestas brujas: Jacinta Parra y Antonia Limeña.

Foto: Antonio Partida.
“Un policía de Atanasio Guerrero las vio y corrió a contarle al Presidente Municipal sobre lo que estaba sucediendo y las manda a presar y se dice que cada ocho días las sacaba en un burro con un ronzal, un gato y un collar con velas y la gente al verlas se llenaba de temor pero a la vez de curiosidad porque las iban a estar quemando cada ocho días” compartió.
Hoy en día, esa tradición se mantiene viva cada 20 de enero, cuando jóvenes del área de servicio social de la Coordinación de Atención a la Juventud recrean la leyenda en un recorrido por el Jardín Principal. Se trata de una escenificación oral e interpretativa que busca acercar esta parte de la historia a las nuevas generaciones.
Paulina Rodríguez vecina de toda la vida del Barrio Cebolleta de 67 años compartió que cuando ella era pequeña sus abuelos le platicaban historias acerca de las curanderas más conocidas como las brujas.

Foto: Antonio Partida.
“Cuando la escuela Miguel Hidalgo todavía no existía era un baldío con muchos mesquites y había una casita muy humilde donde decían que ahí vivía una señora que se dedicaba hacer curaciones y pues cuando era niña si procurábamos no pasar por ahí porque se sentía una vibra extraña pero eso ya tiene muchos años recuerdo que mis abuelos hablaban de eso” compartió Paulina.
”Esto ya es de manera de cascarrillo que las brujas de san Antonio siguen y seguirán hasta el paso de los tiempos casi como un chiste local y la gente aún se queda con el recuerdo de sus antepasados” señaló Moisés.
La Cebolleta no sólo guarda los secretos de su pasado entre las calles si no, también guarda la esencia de un pueblo que sabe sobre sus leyendas y hacer de ellas una celebración.