Humberto Barroso, el bombero que convirtió un sueño de adolescente en un acto heroico
Humberto Barroso Ornelas tenía apenas 14 años cuando descubrió la vocación que marcaría el rumbo de su vida.
Ese día, su hermano Pedro, también bombero, lo invitó a cubrir un evento conmemorativo del 26 de julio, el día festivo del municipio. Ahí, entre uniformes, sirenas y el bullicio de la gente, Humberto se subió a una unidad de emergencias y sintió lo que sería el inicio de su destino.
“Yo ya me consideraba bombero desde entonces”, recordó con una sonrisa.
Su hermano le advirtió que tendría que esperar hasta cumplir la mayoría de edad para integrarse de manera profesional. Eso no lo detuvo: siguió asistiendo como voluntario, haciéndoles mandados a los bomberos, observando, aprendiendo. “Me hacía sentir más bombero”, dijo.
Con el tiempo, la pasión por ayudar a los demás se convirtió en su motor. A los 20 años, tras demostrar compromiso y disciplina, los bomberos de Silao decidieron incorporarlo formalmente. Fue entonces cuando llegó una oportunidad inesperada: un permiso del colegio de Texas para entrenarse como bombero profesional. El requisito era que sus padres firmaran la autorización.
“Cuando les llevé el permiso no se la creían. Mi mamá no quería porque decía que arriesgaba mi vida. Yo le respondía que tenía un buen entrenamiento”, relató.
Finalmente, un mes después obtuvo la bendición familiar y partió a la Escuela Internacional de Laredo, Texas, donde su formación lo llevó a entrenar con fuego real, rescates industriales, accidentes ferroviarios, aéreos, forestales y hasta en simulacros en Malibú, Los Ángeles.
Allí aprendió también una de las labores más difíciles y heroicas de la profesión: el “Mayday”, que consiste en arriesgar la vida para salvar a un compañero atrapado. “No hay nada más loable que eso: dar la vida por otro bombero”, aseguró.
Uno de los momentos que marcaron su carrera llegó con el sismo del 19 de septiembre de 2017 en la Ciudad de México. “Yo estaba en mi casa cuando me marcaron para decirme que me preparara, porque probablemente nos enviarían a la capital. Sentí los mismos nervios de mi primera vez”, platicó.
Al llegar al edificio colapsado, quedó paralizado unos segundos al ver la magnitud de la tragedia. Entonces vinieron a su mente las palabras de su madre sobre el riesgo de ser bombero. Pero no había tiempo para dudar porque su misión era clara: hacer el rescate.
Dentro del inmueble atrapadas había cuatro personas. Humberto fue el primero en entrar. “Grité mi nombre para que me escucharan. Entonces un hombre respondió: ‘por favor, por lo que más quieras, no nos dejes morir. Quiero regresar con mi familia’”, describió con voz entrecortada.
A la una de la madrugada rescató a la primera víctima, a las cuatro a otra más, y finalmente ayudó a sacar con vida a Loana, una mujer que poco después se reencontró con su familia entre lágrimas. “Cuando salimos, ya estaban los familiares de los rescatados. Nos estaban esperando para darnos las gracias y nos aplaudieron. Ese momento fue único porque para eso fui entrenado”, compartió con nostalgia.
Hoy, a sus 45 años, Humberto Barroso sigue siendo bombero rescatista y no ha perdido la emoción del primer día. “Nunca se me ha terminado la pasión. Cada vez que vengo a trabajar lo hago con gusto y con placer”, aseguró.
A lo largo de tres décadas de carrera ha acumulado entrenamiento, disciplina y experiencias que lo forjaron como un verdadero héroe. Pero más allá de los rescates espectaculares, Humberto se queda con algo simple: la certeza de haber elegido una labor que para él lo es todo. “Ser bombero me ha dado muchas experiencias bonitas. Para mí es la mejor profesión del mundo: servir y salvar vidas”, concluyó contento.

Foto: Tv4