Horacio Galván, el caricaturista que convirtió sus dibujos en una escuela de vida

Dibuja una vida entre política, arte y enseñanza.

Horacio Galván no lo formó únicamente una universidad, lo formó una hoja en blanco, un lápiz, y el impulso irrefrenable de dibujar. “Desde niño siempre me gustó dibujar, dibujaba en mi casa, en las paredes, en los periódicos, mis papás me regañaban pero siempre me impulsaron para seguir dibujando”, recordó entre risas.

El hoy reconocido caricaturista como Horax descubrió en el dibujo una manera de entender el mundo y de estar en paz consigo mismo.

Sin embargo, lo que empezó como un pasatiempo casi travieso, tomó rumbo definitivo cuando tenía apenas 15 años cuando un amigo de la escuela lo acercó a Javier González, para que trabajará como caricaturista de El Sol de León.

Aunque no sabía nada de política, empezó a colaborar como dibujante, empujado por su talento y la curiosidad que lo llevó a preguntar, escuchar y absorber de la calle y los titulares lo que no entendía. “Yo no sabía de política, pero como siempre me ha gustado el dibujo, no me fue difícil, además de que la misma gente me iba diciendo a quien dibujar, sobre cuál era la noticia y eso fue algo que marcó mi vida”, compartió.

Tras terminar la preparatoria, estudió Diseño Gráfico en la Universidad De La Salle Bajío, donde perfeccionó las técnicas que le permitieron explorar más allá de la caricatura política.

Fundó junto con amigos el colectivo Scomic, con el que realizó historietas, ilustraciones y animaciones que incluso le abrieron la puerta a colaborar en proyectos como La Leyenda de la Nahuala, una película animada producida por Disney, así como en programas para televisoras locales.

Durante 13 años trabajó para El Sol de León, luego en AM, y desde 2010 forma parte del equipo de Milenio, donde continúa haciendo de la caricatura un espejo incómodo pero necesario de la realidad.

Además de su labor en medios, Horacio también comparte su experiencia como maestro de caricatura y cómic en la Escuela de Artes Visuales del municipio. Su proceso creativo, es más complejo de lo que muchos imaginan. “Siempre está la hoja en blanco y lo primero es encontrar una temática y sobre esa temática desarrollar la historia, después siegue deformarla, generalmente que ponga a pensar a la gente sobre lo que está ocurriendo o que le cause risa, humor e incluso indignación”, platicó.

Estoy enamorado del lápiz. Me encanta cómo permite jugar con la luz y la sombra”, destacó emocionado.

Hoy, después de casi cuatro décadas de trayectoria, Horacio sigue sintiéndose conmovido por el reconocimiento de su público. “La gente que reconoce mi arte, que se identifica, que se ríe o se enoja con mis dibujos, es lo que me impulsa. Por ellos vale la pena todo”. Y aunque su trabajo ha viajado por periódicos, pantallas y murales, para él lo más importante sigue siendo ese momento íntimo donde el dibujo se vuelve encuentro.

“Nos da gusto reunirnos entre caricaturistas, reconocernos. Pero lo más padre es cuando tu trabajo se refleja en las personas que quieres”, concluyó Horacio.

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