El sabor que resiste al tiempo: cocinera de Cuerámaro preserva el mole tradicional

María Amada Porras González lleva el mole de rancho a escenarios como Guanajuato ¡Sí Sabe!.
María Amada Porras González, cocinera. Fotografía: Felipe Cansino

En el corazón del Bajío, donde la cocina tradicional es sinónimo de identidad, doña María Amada Porras González se ha consolidado como una de las guardianas del sabor y la memoria culinaria de su comunidad.

Originaria de Cuerámaro, su historia está profundamente ligada al mole de rancho, un platillo que ha llevado a encuentros gastronómicos como Guanajuato ¡Sí Sabe!, donde la tradición se comparte y se celebra.

Desde niña, relata, entendió la relevancia de este platillo dentro de su entorno familiar y comunitario: “En Cuerámaro tenemos muchos platillos, pero desde niña yo miraba que el mole era lo principal”.

Con el conocimiento heredado de su abuela, doña Amada ha perfeccionado una técnica que requiere paciencia, precisión y respeto por los ingredientes. Su proceso, detallado con orgullo, refleja la riqueza de la cocina tradicional:

“Se desvenan los chiles, se doran en aceite uno a uno, después se ponen a remojar en caldo de pollo. Se fríen todas las especies y frutos secos que lleva, se muelen y ya que está todo molido, sigue guisarlo con manteca de cerdo, y ya que está en la cacerola, es hasta que suelta el hervor, menear y menear para que se integren todos los ingredientes y no se pegue en la cazuela; ya casi cuando está listo se le integra el chocolate,un poco de azúcar y sal”.

Ingredientes de mole. Fotografía: Felipe Cansino

El resultado es un mole de sabor profundo, equilibrado y lleno de historia, que se sirve tradicionalmente con arroz rojo —también conocido como sopa de arroz— y una pieza de pollo. Más allá del platillo, su cocina es un acto de amor y resistencia cultural.

Platillo de mole. Fotografía: Felipe Cansino

Para la cocinera, preparar alimentos no solo es una actividad cotidiana, sino una fuente de felicidad y orgullo. Representa el vínculo con el lugar que la vio nacer y la oportunidad de mantener vivas las recetas que han pasado de generación en generación.

En cada participación, en cada fogón encendido, doña Amada reafirma que la gastronomía tradicional no solo se preserva en los ingredientes, sino en las manos, la memoria y el corazón de quienes la continúan.

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