¡El aroma de Guanajuato! El secreto de 500 años detrás del famoso pan de Acámbaro
Acámbaro se distingue por muchas razones: es el municipio más antiguo de la entidad, fue un punto importante para la Independencia de México… pero además, es el que tiene el aroma más dulce de todo Guanajuato por su pan.
“Nuestro pan sabe a eso: sabe a Acámbaro, sabe a tradición, sabe a cultura. También te puedo decir que sabe a una descomposición de hidrógeno, acetona y CO2, ese es el tema de la masa madre”, expresó con orgullo Daniel Casas, quien es la segunda generación de Panadería Lirio.
La historia de este alimento básico para los guanajuatenses nace hace más 500 años con la llegada de los Franciscanos al municipio, durante la Conquista, la Iglesia le enseñó a los acambarenses a preparar un pan tipo europeo de masa madre.
“En prepararlo, en 15 minutos ya está la masa lista. En 20 minutos levantamos un carro de 36 charolas, luego se lleva una hora fermentándose y ya de ahí se pasa al horno, se cose a 260 grados y dura 12 minutos cociéndose”, explicó Alejandro Pérez con 15 años como panadero.

Con una tradición que supera los 500 años, el pan de Acámbaro preserva los métodos de masa madre introducidos en el municipio más antiguo de Guanajuato, consolidando una identidad que une historia, cultura y el “aroma más dulce” de la entidad. Foto: Rebeca Senties
No solo es la historia que guarda cada rebanada de pan, sino los ingredientes naturales que resaltan un sabor inigualable, el tiempo de fermentación para una consistencia insuperable, y el procedimiento artesanal en hornos de leña que le da un toque único.
“El pan se amasa bien y se pasa a la laminadora, ya lo vas pasando para que agarre el tamaño que debe ser. Ya que está estiradita se le vuelve a dar un doblez. Se le pone poquita harina para que no se pegue, así cuatro vueltas hasta que se le pegue bien la mantequilla”, compartía Alejandro mientras nos enseñaba un buen amasado.
Para 2025, el pan de Acámbaro se convirtió en el primer pan de México y América Latina al obtener la Indicación Geográfica Protegida, es decir, ahora es considerado propiedad de la Federación del Estado Mexicano y garantiza que el pan comercializado bajo este nombre respeta los métodos y el origen geográfico específico.
“Nuestro pan representa nuestro entorno: el pan rallado que le ponen el trigo al campo; nuestro pan ranchero, el sombrero de la gente que trabaja en el campo; y la acambarita, que es la más famosa y la más versátil”, compartió Daniel.

Alejandro Pérez, con 15 años de experiencia, muestra el proceso de laminado y los dobleces con mantequilla necesarios para lograr la consistencia insuperable del pan tradicional, el cual se cuece a 260 grados en hornos de leña para obtener su toque único. Foto: Rebeca Senties
El pan que une generaciones de acambarenses
Este alimento no solo representa al municipio a nivel nacional, sino que es una muestra de la resistencia generacional de Acámbaro, la cual se mantiene firme a los procesos artesanales ante una fuerte competencia globalizada y tecnológica.
Y Alejandro Pérez, es la muestra de ello:
“Fue a los 17 años cuando entré de panadero, entré de bolillero primero. Ya de ahí me enseñé a hacer diferentes panes y en los 15 años que tengo ya le hallo un poquito a la mayoría del pan”, compartió.
Desde pan dulce como pan de leche, el tornillo, las acambaritas, hasta los más tradicionales como el tallado, ranchero y picón es lo que hace de Acámbaro, la ciudad con el aroma más dulce de México.
“Compren mucho pan de Acámbaro, está muy rico”, agregó Alejandro.

Simbolismo y tradición en cada forma. Variedades como el pan rallado, que evoca los campos de trigo, y el pan ranchero, inspirado en los sombreros de los trabajadores del campo, reflejan la identidad de Acámbaro y su resistencia generacional frente a la producción industrial y tecnológica. Foto: Rebeca Senties