Reconstruir convivencia en las Villas

El terrorismo y la pandemia han dañado la convivencia en las tradicionales Villas de Juegos Olímpicos, casi siempre, lugares de reunión juvenil.

De alegres cabañas a cápsulas de aislamiento, se convirtieron los alojamientos de los atletas olímpicos, desde París 1924 hasta Tokio 2020.

Las Villas Olímpicas son el vertedero de las historias de triunfos y fracasos de quienes las habitan.

Son una auténtica Torre de Babel donde las únicas constantes, al parecer, son el bullicio y la alegría de los jóvenes.

A lo largo del tiempo han cumplido como sitios de reunión donde se concentran atletas del mundo entero.

Ha habido sus excepciones, con los “rock stars” del profesionalismo, que han preferido los hoteles de lujo; pero lo tradicional es T en B: Todos en bola.

México 68 se caracterizó por la ausencia de controles extra rígidos, que permitió que el ciudadano común y corriente pudiera ingresar a la Villa Olímpica.

Es más, muchos hasta se dieron el lujo de comer al lado de las estrellas del deporte, sin consecuencias para nadie.

El calor de los mexicanos llevaba mano, hasta Munich 72 donde el ataque a la delegación israelí cambió las cosas para siempre.

La Villa de Montreal, fue el primer auténtico Bunker de acceso casi imposible para los simples mortales y de ahí en adelante ha sido igual en cada edición.

Tokio 2020 se vio diferente debido a la pandemia, que destruyó la tradicional convivencia y el intercambio de insignias y banderas entre atletas.

Cien años después ¿qué nos deparará la Villa Olímpica de Paris 2024?

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