Lo que no debe ser el deporte

Un film futurista para su época (1975) narra un caótico deporte del entonces lejano 2018. Un espectáculo digno del coliseo romano, que nada tiene qué ver con el verdadero deporte.

Un deporte ficticio se creó para la película de ciencia ficción Rollerball, que protagonizó James Caan, en 1975.

El filme ambientado en el entonces lejano mundo del 2018, presenta un estado corporativo global, con entidades como Energy Corporation, un monopolio de energía.

Desde su base en Houston hace transacciones con corporaciones nominales que controlan el acceso al transporte, lujo, vivienda, comunicación y alimentos a escala global.

El deporte en cuestión, es similar al juego de roller derby, en el que dos equipos vestidos con armadura corporal patinan en roller skates alrededor de una pista circular.

El objeto del juego es meter una bola de acero en la portería contraria, que es magnética, con un área de inserción cónica en la pared de la Arena.

Es un deporte de contacto total en el que se vale todo para mantener la bola; en este superpoblado futuro, el objetivo original era matar a los jugadores.

De acuerdo al grupo, su propósito notorio es el entretenimiento, en un moderno coliseo romano.

Mr. Bartholomew, un ejecutivo de alto nivel de la corporación, lo describe como un deporte diseñado para mostrar la futilidad del esfuerzo individual.

En el desenlace, la multitud, rabiosa y energizada, se convierte gradualmente más y más en una masa subyugada.

La carnicería que se crea, se degrada a un evento tipo “gladiador”, donde se espera que quede el último hombre.

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