Frágiles y veloces

Solamente unos cuantos elegidos son capaces de controlar una frágil bicicleta a 100 kilómetros por hora en un empinado descenso.

Velocidades hasta de 100 kilómetros por hora puede alcanzar un ciclista profesional en el descenso de una cima como las del Tour de Francia.

Esas escarpadas cumbres que se trepan a no más de 20 kilómetros en promedio, se convierten en toboganes a la hora de bajarlas.

Muestras de ese tipo de valor han dado pedalistas como Chris Froome, Vincenzo Nibali o Peter Sagan entre otros, cada quien con su muy personal estilo.

En ocasiones cuando se presentan estas escapadas en los descensos, se toma por sorpresa a todos los integrantes de la caravana.

Y es que, de plano, los corredores sortean autos y motocicletas para llegar hasta el frente de la avanzada en su afán por lograr el triunfo.

De ese tamaño es el valor de los ciclistas profesionales, que dejan la comodidad del pelotón que rueda a un ritmo constante, para buscar la gloria.

Tal vez solo se llegue más rápido, pero acompañado se llegará más lejos es una de las máximas que rigen en el ciclismo.

Aunque en compañía se reparte el esfuerzo y se logran mayores distancias, cuando alguien se fuga del grupo, hay que admirar el esfuerzo adicional que esto representa.

Un ciclista al máximo de su preparación, tendrá los arrestos para rodar en solitario, y evitar que lo absorba el pelotón.

Conocer este tipo de detalles nos permitirá admirar y respetar el andar de los ciclistas, en una competencia donde demuestran un valor a toda prueba.

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