Del juego al deporte organizado

El juego ha sido desde siempre una forma de inducción al deporte. A mediados del siglo XX esto jugaban los futuros ases deportivos.

Una pelota ha sido tradicionalmente la forma más sencilla de inducción al deporte, pero no siempre fue así.

A mediados del siglo 20, cuando todavía no se industrializaba la fabricación de pelotas y balones, cualquier tela vieja o periódicos mojados hechos bola, servían para patear.

Igual, antes de las pelotas de esponja, un enrollado de cinta adhesiva funcionaba perfecto para el beisbolito.

El espíritu competitivo se desarrollaba con el juego de canicas “rueda americana” en la que las que lograbas sacar del círculo con tu “tirito”, pasaban a tu propiedad.

Las peleas de box, transmitidas por radio, fomentaban la venta de los ingeniosos boxeadores de madera, que se tiraban golpes al antojo del dueño.

Con el luchador de plástico “El Santo” en una mano y “Blue Demon” en la otra nos aventábamos hasta 10 caídas sin límite de tiempo.

Los primeros coches de madera no servían para jugar carreterita y se tuvo que esperar hasta la llegada de los rudimentarios autos a escala de plástico.

Con ellos, en una pista trazada con gis en cualquier banqueta se recreaban las hazañas de Juan Manuel Fangio, Tarufi y más tarde de los hermanos Rodríguez.

El caballito de madera despertaba nuestros sueños ecuestres y nos ayudaba a reproducir las aventuras de los primeros vaqueros de la tele.

Muchos de quienes llegaron a ocupar la cúspide deportiva en los sesentas jugaron con estos objetos.

Hoy solamente son joyas de museo, pero todavía se pueden adquirir en algún puesto de juguetes tradicionales mexicanos.

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